lunes, 29 de febrero de 2016

CRISIS DE PODER Y NECESIDAD DE CONSOLIDAR EL NACIONALISMO


Por Martín Ledesma

Es evidente que muchos no entienden el concepto de “poder”. Los liberales se han creído su propio cuento de que el poder viene de las urnas y hoy su versión bastante berreta llamada PRO o “cambiemos” está sufriendo las consecuencias. No se dan cuenta aún que las leyes no son fuentes de poder sino consecuencias de un poder que ya se tenía anteriormente. Las leyes no dan poder, las leyes necesitan poder para ser aplicables.

Los liberales se engañan a sí mismos, pensando que porque la ley dice que consiguieron que la gente meta más papeles de su partido en las urnas ya tienen el poder asegurado, solo porque “la ley” así lo dice. Se olvidan que el poder no es ni más ni menos que la capacidad de imponer los propios puntos de vista, sean estos justos o injustos, “legales” o no, y ese poder reside en última instancia en la fuerza organizada, en la capacidad de que un grupo de personas lleguen a un consenso para imponerse a otro con menos recursos, peor organizada o, directamente, no organizada.

Los liberales deberían recordar su llegada al poder, que fue derrocando reyes y cortando cabezas durante la revolución francesa, allí el poder lo tuvieron ellos, pero no en el momento en que decapitaron a la aristocracia, sino antes, en cuanto ya estaban mejor organizados que las monarquías en decadencia, y nadie se detuvo a pensar si cortar cabezas era compatible con la “legalidad monárquica”. Lo que vino después, las asambleas, las constituciones, no son más que formalizaciones de un poder que ya se tenía de hecho.

A lo que voy con todo esto es que el PRO ganó una elección, pero no tiene aparato para defender dicho triunfo. No tiene poder, no tiene un grupo de gente organizada que imponga y defienda su “derecho” a gobernar que le dio la legalidad liberal. Sus votantes son solo eso, votantes, capaces de dar un voto, pero no de “poner el cuero” por este gobierno. Es un gobierno débil.

Después de esto lo que el sistema le va a presentar a la población, a través de sus medios de comunicación, es la vuelta del kirchnerismo recargado o en última instancia, su salvavidas de emergencia, la izquierda, llámese MST, Partido Obrero, etc. En el fondo más de lo mismo.

Por esa razón el nacionalismo tiene que ajustar sus estructuras, aprovechando que las fuerzas tradicionales están atomizándose, mostrarse, militar, hacer propaganda, como ya muchas agrupaciones lo están haciendo, mostrarse como alternativa, y en última instancia unirse las distintas organizaciones en un movimiento, detrás de objetivos claros y con una unidad de concepción que permita consolidarlo en el largo plazo, y poder ganar poder, poder propio real, no el ficticio de las urnas, para poder terminar con esta “legalidad” burguesa y poder imponer un verdadero estado representativo y orgánico, donde todas los sectores productivos y del quehacer nacional tengan representantes directos, y no políticos salidos de esas escuelas de corrupción, financiados por el dinero de los usureros nacionales e internacionales, llamados partidos políticos.

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