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lunes, 1 de mayo de 2017

LOS "NI UNA MENOS" DEFIENDEN VIOLADORES

Lección de hipocresía

 Por Martín Ledesma


Los nacionalistas solemos decir que este es un sistema perverso. El mismo consta de la ficción de ser un sistema “plural” y, por lo tanto, donde las opiniones y posiciones de los distintos actores que se manejan en nuestra sacrosanta democracia son totalmente independientes unas de otras. Nosotros, los nacionalistas, siempre señalamos que esto es una pantalla, y que la independencia de estos actores (partidos políticos) no son independientes, sino manejados por el verdadero poder detrás de ellos, a través de dádivas, extorsiones, financiamiento y, cuando no, la amenaza, sobre todo a la lapidación pública en los grandes medios de comunicación. Este es el poder que denominamos "poder financiero internacional"

Dicho esto, se entenderá más fácilmente que dentro de esta verdadera obra de títeres llamada parlamento cada títere tiene un papel, un rol que cumplir, y, como todos sabemos, una obra de títeres tiene un desarrollo y un final ya pautado por el escritor de la obra. Los títeres no se salen de lo que tienen que decir y hacer para llegar al desenlace ya pautado.

En este reparto de papeles a la izquierda o progresistas le corresponde el papel de “defensor de los desvalidos”, o lo que el sistema considera desvalidos o quiere hacer creer que son los desvalidos. Pero como vengo diciendo, esto no es un fin en sí mismo, es la parte del papel que les toca jugar para llegar al final (objetivo) deseado por el titiritero. No es por mero amor a la humanidad que la izquierda siempre enarbola la bandera de la defensa de lo más marginal de la sociedad, esa es su función, cubrir en un halo de heroísmo a los agentes principales de la decadencia del denominado occidente.

Entre este conjunto de marginales “desvalidos” defendidos por los progresistas se encuentra, como la niña mimada de la izquierda, los delincuentes de toda laya, preferentemente los asaltantes y asesinos. Son defendidos con mil argumentos, entre los que se destaca que son “victimas sociales”, que no tuvieron oportunidad a la educación, que son personas que lo hacen para sobrevivir, etc. Todo lo que ya hemos escuchado mil veces de los pretendidos “defensores de los derechos humanos” y los defensores de la tesis de la “lucha de clases”. Y en última instancia la culpa “es de todos”, de “la sociedad”, licuando la responsabilidad de un delincuente en todo el conjunto social como argumento efectivo para dejar impune al mismo.

En realidad, les importa nada la causa de la marginalidad de estos sujetos, es todo una excusa para que estos agentes de desorden sigan libres causando caos social y hacer más manejable la población para los verdaderos dueño del poder detrás de las instituciones políticas formales (lo que más arriba llamamos poder financiero internacional).

Otro ítem que suele usar la izquierda como caballito de batalla es la de la “defensa de la mujer”, y otra vez la utilizan no porque les interese realmente la mujer, sino como otra arma de división social, la del feminismo como excusa de constante conflicto con su supuesto enemigo, el hombre. Toda una maraña de argumentos de supuesta opresión histórica del hombre sobre la mujer para justificar una lucha de sexos absurda y autodestructiva.

El problema llega cuando una mujer es violada y asesinada por un delincuente. ¿A quién va a defender la izquierda? A la “oprimida” en la lucha de sexos o al “oprimido” en la “lucha de clases”. Pues esto se resuelve muy ingeniosamente por los progres. Se organiza una marcha denominada “ni una menos”, donde gente ingenua acude pensando que realmente tiene por objetivo defender a la mujer, y se grita y chilla a los cuatro vientos contra la causa de los asesinatos y las violaciones. El sentido común nos diría que los culpables son los asesinos y los violadores… pues no para los progresistas, la culpa es, según ellos, del “patriarcado”, del “machismo” y también de todos los hombres, quienes en el imaginario feminista vendríamos a ser como una especie de perpetuadores y aplaudidores de la “cultura del machismo” y por lo tanto alentamos y aprobamos el accionar de gente (si así se le puede llamar) que viola y asesina mujeres.
  
Y así se queda bien con Dios y con el diablo. El violador impune mientras se vocifera a los cuatro vientos la aberración de la violación. El asesino suelto, mientras se hacen tan ridículas como ineficaces exhibiciones de senos por parte de feministas en contra del asesinato de mujeres.

¿No me cree que es así? A las pruebas me remito. Veamos cómo votaron los denominados progres, incluyendo sus más reconocidos y más acérrimos defensores del feminismo y adherentes al “ni una menos”, el proyecto de ley para endurecer las penas de los violadores y asesinos entre otros delitos. (Esto los grandes medios lo ocultan sistemáticamente, no quieren “levantar la perdiz” de la hipocresía detrás de toda esa parafernalia del “ni una menos”).

Myriam Bregman, del Partido de los trabajadores socialistas (PTS) votó en contra



Myriam: la reina de la hipocresía


 
Remo Gerardo Carlotto, del Peronismo para la victoria, votó en contra


El hijo de la abu...


Victoria Donda Perez, de Libres del sur, votó en contra


 Vicky: Ex cristinista, actual anticristinista, habil en el arte de panquequear



Máximo Kirchner, De Frente para la victoria, votó en contra

Quedó exhausto después de levantar la mano para votar en contra


Nestor Pitrola, del Partido Obrero, votó en contra



Margarita Stolbizer, de GEN, votó en contra


Ella ya ganó el concurso de doble discurso


Además, hubo referentes importantes que estuvieron ausentes en la sesión como:

Por la UCR:
Ricardo Alfonsín y Alejandro Echegaray

Por el Frente para la Victoria:
Julio Devido, el “Aguanta Dictadura” Juan Cabandié, el ex ministro de economía Axel Kicilloff y el ex montonero Carlos Kunkel.

Hermes Binner por el Partido Socialista

El banquero (o funde bancos impune) “rebelde” Carlos Heller por el partido Solidario Sí.

La denunciadora que vaya a saber uno de donde saca la info (¿Embajada de EEUU?) Elisa Carrió, de la Coalición Cívica.

Lista completa de votación diputado por diputado


viernes, 5 de junio de 2015

"NI UNA MENOS" VISTO A LA PASADA

En el trayecto que habitualmente camino desde mi lugar de trabajo en la zona de Recoleta hasta la plaza Constitución en la que abordo un transporte público, he tenido la oportunidad de toparme con una variopinta fauna que volvía de la movilización del “ni una menos”.

Antes que nada hay que aclarar algo, si bien la consigna en sí no tiene nada de malo, incluso es reivindicable, la inclinación política con la que fue hecha es lo repudiable. Nadie en su sano juicio pensaría que está bien que haya violencia familiar o de género, como gusta decir al lenguaje progresista, pero la forma en que está encarado por estos grupos feministas, homosexualistas, lesbianistas y/o neo marxistas tiene una intencionalidad ideológica  clara. Siendo breve, el neo marxismo, producto de una “modernización” del marxismo clásico refiriéndolo a la cultura, en manos especialmente de la “Escuela de Frankfurt”, extiende el concepto de lucha de clases, a esferas por fuera del ámbito estrictamente económico político y laboral, siendo una de estas esferas la de lucha de sexos, donde el hombre deviene en una especie de monstruo que explota a la mujer, y por lo tanto el solo hecho de ser hombre es un indicio de ser un explotador, mal tratador. El viejo cliché psicobolche del falofascismo 
Este es el espíritu con que los grupos  marcusianos (*) encaran el tema . Lo cierto es que la violencia de hombre contra mujer  existe, pero  no es más que una de las múltiples manifestaciones de la violencia injusta en sí, de una sociedad violenta y violentada, corrupta y corrompida, desde arriba hacia abajo, violencia dicho sea de paso- y esto puede ser lo tragicómico del asunto- justificada sistemáticamente por estos mismos grupos neo marxistas que se rasgan las vestiduras defendiendo los “derechos humanos” de cuanto asesino, ladrón o !violador también¡ tiene la mala suerte de caer por fin ante el banquillo de un tribunal.
 Es la paradoja de esos derechos entendidos como ideología. Los mismos que se felicitan por el  garantismo o abolicionismo penal de jueces, legisladores o funcionarios estatales , piden después mano dura contra los agresores de un sector determinado de la sociedad. Entienden que esos derechos son patrimonio de determinados grupos que ellos identifican como explotados o reprimidos por la violencia institucionalizada: delincuentes, homosexuales, mujeres, terroristas etc. 
Indudablemente, esta gente no entiende que la persona por nacer tenga derechos humanos dado que  reclamaba el cese de la violencia contra las mujeres vivas pero postulaba la licitud de esa violencia para con las mujeres y hombres engendrados y en el seno materno. Una de las consignas de la marcha era el derecho al aborto libre y gratuito
Hecha la aclaración voy a proseguir con mi relato del periplo desde Recoleta hasta Constitución y que incluso duró sobre el transporte público en el que me embarqué hasta llegar a mi hogar en la zona sur del conurbano bonaerense. El primer encuentro con manifestantes lo tuve llegando a la plaza de los tribunales, donde me topé de frente con una columna de la agrupación kirchnerista Kolina que se retiraba de la misma, allí me pregunté contra quien manifestaría esta gente, si ellos son los que administran el Estado y salvo expresiones de deseos y resmas de leyes que jamás se cumplen ni mínimamente, no han hecho nada salvo en multitud de casos obstaculizar la formación de un registro de violadores "por que no se puede estigmatizar". No voy a presumir que los que estaban allí estaban por ese motivo pero había muchos "militantes" fumando marihuana
Pero lo mejor vino al terminar de cruzar diagonalmente dicha plaza, al toparme con el “botón que sirve de muestra” a la generalidad del militante promedio de esta partidocracia corrupta, el clásico joven excedido levemente de peso y no muy afecto al trabajo (para evitar decir gordo vago), con su remera o pechera de la JP Descamisados, su gorra o visera en la cabeza, su barba crecida de unos días y, como frutilla del postre, dos infaltables botellas de birra que creo ya habían sido consumidas en nombre de la revolución "nacional y popular", todo un ciudadano modelo del mundo progresista. Uno más que no sabe de que se trata y protesta en definitiva contra su mismo gobierno
Terminada de cruzar la plaza, ya retornando a la rectitud de una calle que varias cuadras más adelante desembocará en Plaza Constitución, termino llegando a avenida de Mayo, donde al mirar hacia la derecha veo el tumulto principal abandonando plaza Congreso, donde estaba   el grueso de la concurrencia : ese tipo de persona sin el cual estas movilizaciones no tendrían sentido ni trascendencia, me refiero al boludo útil, en sus diferentes variedades,  el  frívolo que sigue cada una de las manifestaciones que aparecen en la tele, el  rebolu(cionario), generalmente un burgués que sale solo “cuando todos salen” sino no mueve un dedo, y el que va de buena fe detrás de una consigna positiva y que es usado por cuanto politiquero ande dando vuelta y que nunca se percata  de qué se trata realmente.
Sin detenerme a analizar mucho más, seguí mi camino ya sin toparme más que con algunas estudiantes de filosofía aisladas, pero a las pocas cuadras ya ni rastro siquiera de esto.
También pensaba en las deplorables y demagógica declaración de la Iglesia. Adhiriendo a una marcha, una de cuyas consignas era el aborto libre y gratuito. Revelan la absoluta confusión en que se desenvuelve la jerarquía de esa institución, incluso y especialmente las mas encumbradas.
Ya en la plaza Constitución esperé ese colectivo que uno nunca sabe a ciencia cierta a qué hora va a salir. Por fin subo al mismo y ya pensando que todo estaba atrás veo a dos chicas con unos kilitos de más sentadas en el fondo en actitud un tanto cariñosa (no quiero decir que eran dos gordas tortilleras porque el INADI se enoja, ¿vio?) que suelen envalentonarse cuando se dan estas manifestaciones, pero ya sin más miré hacia afuera por la ventanilla restándoles importancia después de todo  es lo que buscan, la atención que no les dieron desde su niñez en la casa. Pasaban si por mi mente las únicas manifestaciones públicas y con difusión masiva con un mínimo de sentido común, la de la presidenta de AVIVI la Asociación de Víctimas de Violación María Elena Leuzzi
 "No voy a ir a la marcha  porque no soluciona nada. ¿Vos te pensás que a los jueces y fiscales les importa esta marcha? Prefiero quedarme y usar ese tiempo para atender a las víctimas que necesitan mi ayuda por desatención y abandono del Estado"...
"Respeto que marchen, pero la solución es cambiar el Código Penal; hacer que los hijos de puta que violan y pegan se pudran 40 años en la cárcel sin beneficios"
 Necesitamos que se reforme el Código Penal y que las condenas sean con cumplimientos efectivos. La mayoría de los violadores salen libres antes de la mitad de sus condenas cuando está comprobado que reinciden. En Provincia hay 91 comisarías de la Mujer, ¿para qué? Si no se hace nada. El Estado no está trabajando, sino las ONG no estaríamos rebalsadas".
 "La falta de justicia y accionar hace que cada vez más la gente haga justicia por mano propia"...
 Mientras miraba los autos y la gente empecé a pensar en esta nota que ahora está leyendo

Martín Ledesma
 De la Agr. Lacebrón Guzmán (Buenos Aires)
(*)Herbert Marcuse fue un filósofo y sociólogo judío de nacionalidad alemana y estadounidense, una de las principales figuras de la primera generación de la Escuela de Frankfurt. Sus teorizaciones sobre marxismo y su aplicación a la cultura presentes en sus libros  "Eros y Civilización" o "El Hombre Unidimensional" son la base de la cultura hegemónica actual denominada cultura progresista o políticamente correcta que impera en nuestro país de la mano del Sistema imperante.

jueves, 17 de abril de 2014

LA IZQUIERDA: CRITICAR LO QUE NO SE CONOCE


Galeano: la realidad cambió, no leería más "Las venas abiertas"





El escritor uruguayo Eduardo Galeano, uno de los invitados especiales a la II Bienal del Libro y la Lectura abierta el viernes en Brasilia, dijo en la capital brasileña que no volvería a leer su obra más conocida, Las Venas Abiertas de América Latina, debido a que es "pesadísima", indicando que fue escrita sin conocer debidamente sobre economía y política. Elogió al presidente José Mujica.

12 de Abril de 2014 a las 15:54



247 - El escritor uruguayo Eduardo Galeano, uno de los invitados especiales a la II Bienal del Libro y la Lectura abierta el viernes en Brasilia, dijo que no volvería a leer su obra más conocida, Las Venas Abiertas de América Latina, debido a que es "pesadísima", indicando que fue escrita sin conocer debidamente sobre economía y política.

Frecuentemente asociado a la defensa de propuestas contestatarias e ideas políticas de izquierda, el escritor uruguayo dijo que "yo no sería capaz de leer el libro de nuevo. Para mí esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima".

Con 73 años, el escritor afirmó que las experiencias de partidos políticos de izquierda en el poder "a veces tienen éxito, a veces no, pero muchas veces fueron demolidas como castigo".

Sobre Las Venas Abiertas de América Latina, Galeano explicó que fue el resultado de un intento de un joven de 18 años de escribir un libro sobre economía política sin conocer debidamente el tema. "Yo no tenía la formación necesaria. No estoy arrepentido de haberlo escrito pero fue una etapa que, para mí, está superada".

Galeano, además, elogió al presidente uruguayo José Mujica y recordó con una sonrisa el momento en el que el fallecido presidente Hugo Chávez regaló Las Venas Abiertas de América Latina a Barack Obama.

Se espera que a la II Bienal Brasil del Libro y la Lectura reúna a más de 300.000 visitantes. En la muestra se conmemorará, entre otros ejes temáticos, los 50 años del golpe militar que depuso al gobierno de Joao Goulart.



 http://es.brasil247.com/es/247/sociedad/1199/Galeano-la-realidad-cambi%C3%B3-no-leer%C3%ADa-m%C3%A1s-Las-venas-abiertas.htm

miércoles, 26 de diciembre de 2012

IZQUIERDA Y DERECHA, DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA (PARA PRINCIPIANTES)


Este texto tiene unos cuantos años, pero nada de lo que dice perdió vigencia






En la insostenible decadencia que vive nuestro país, los periodistas del sistema, buena parte de ellos izquierdosos, se esmeran en presentarnos como alternativa del régimen, a la izquierda.

En las pantallas de los televisores, desfilan con total desenfado, personajes como la Carrió o Zamora, tratando de mostrarse, como impolutas figuras de recambio, que no han tenido nada que ver con todo lo acontecido, olvidando que, formaron parte de los parlamentos de la infamia y de las alianzas gobernantes. Pero no es nuestro objetivo detenernos en estos insignificantes personajes, que pronto desaparecerán de escena, como pasó con el Chacho Álvarez o la Fernández Meijide. La izquierda tiene su recambio y es especialista en mimetizarse.

Lo que nos interesa demostrar, es que tanto los zurdos como los liberales, no son otra cosa que dos caras de la misma moneda.


El entonces presidente de la Bolsa de Nueva York, Richard Grasso, y el comandante de las FARC, Raúl Reyes se abrazan durante un encuentro en junio de 1999



Históricamente, la denominación de izquierda y derecha, surge, luego de la revolución francesa y hace alusión a la forma en que se disponían los parlamentarios franceses en el recinto. Aquellos partidarios de profundizar rápidamente los objetivos de la revolución se ubicaban a la izquierda del presidente de la asamblea, los más moderados a la derecha.

No hay que olvidar que, las bases filosóficas del liberalismo, socialismo y comunismo son las mismas, que comulgan en el mismo pensamiento materialista y economicista. Que los tres se consideran progresistas y evolucionistas. Que Marx se consideraba admirador de la obra de Darwin y que con este, intercambió, importante correspondencia.

Siguiendo con las ideas del creador del comunismo, es interesante recordar que este propiciaba la desaparición de los Estados-Nación a los que consideraba como una creación burguesa. "Casualmente" este es uno de los objetivos que pregonan los mentores de la globalización capitalista. Sin duda el internacionalismo es una aspiración de liberales e izquierdistas. Conviene recordar su slogan "proletarios del mundo uníos".

En la faceta religiosa ni hablar. La concepción marxista de "la religión como opio del pueblo" va de la mano del liberalismo "come frailes" de la revolución francesa. Lógica comunión de fuerzas surgidas de las logias judeo masónicas y de la alta finanza internacional.

Ambas corrientes postulan la defensa de la declaración de los derechos del hombre y el ciudadano comúnmente conocidos como derechos humanos. Dicha declaración es obra de la liberal revolución francesa y es otro punto común entre zurdos y liberales Ambos viven cacareando los tan mentados derechos. Salvo cuando se trata de las violaciones que ellos mismos efectúan. En ese caso un discreto manto de silencio cubre los hechos.

En el plano moral dichas ideologías comulgan de un relativismo, subjetivismo y amoralismo radicalizado. Siempre unidos en propiciar el aborto, el control de natalidad, el divorcio, los derechos de homosexuales, liberalización de la droga entre otras perlitas.

Asimismo, tales posturas son democratistas e igualitaristas, combaten cualquier concepción tradicional o jerárquica de la sociedad. Para liberales y zurdos "lo mismo un burro que un gran profesor" parafraseando a nuestro genial Discepolo.

A continuación citaré un pasaje de Marx que demuestra sus puntos en común con los liberales y globalizadores de toda laya en un tema tan clave como el libre cambio. "El sistema de la libertad de comercio acelera la revolución social. En este sentido señores emito yo mi voto a favor del librecambio" (Citado de Marx, Karl, Discurso sobre el problema del librecambio, Ed del Siglo, Buenos Aires 1972 pg.211). Mercados globalizados, claro objetivo del proyecto de la alta finanza. ¡Qué extraño anticapitalista este Carlos Marx!.Tampoco habrá que olvidar que en su exilio inglés lo bancó su paisano Engels que era un importante industrial del medio.

Tampoco Marx en particular, ni los zurditos en general, se rasgan las vestiduras respecto al verdadero cáncer de las sociedades modernas que es la USURA DEVORADORA, como la definiera y denunciara el Papa Pío XI. Creo que es lógico el comportamiento en tal sentido del mentor del comunismo porque no iba a estar muy interesado en cuestionan el principal negocio de sus congéneres.

Afiche propagandístico de la unión democrática, contubernio de comunistas, socialestas, conservadores y radicales representados por la imagen de la justicia y la libertad, simbolo masónico si los hay, en contraposición al "nazi" Perón, representado por la cruz esvastica.


Ya sé que me puede decir que me estoy yendo demasiado lejos en el tiempo y en la geografía. Bueno volvamos a nuestra atribulada Patria. Por que no apelar al pensamiento de una de las figuras arquetípicas de la izquierda argentina como José Ingenieros. Este hombre materialista, ateo, socialista e internacionalista, es incontestablemente, un hombre de izquierda. Entre sus obras se destaca, la traducción del Himno a Satanás del masón italiano Giusseppe Carducci. En su extenso libro titulado "La evolución de las ideas argentinas" José Ingenieros no escatima elogios a los mentores de la Argentina liberal como Rivadavia, Alberdi, Sarmiento, Mitre y Roca. Ingenieros, que elogiaba como justa expresión de rebeldía a la Revolución comunista rusa, gozo de todos los favores oficiales en la ultraliberal argentina del centenario, y es tenido como uno de los máximos exponentes del pensamiento argentino por los sicarios del sistema. Nuevamente liberales y zurdos se dan la mano.

Siguiendo con nuestra historia, no olvidemos nunca a la Unión Democrática, en la cual se unieron desde los comunistas hasta los conservadores, patrocinados por el embajador de EEUU don Sprullie Braden, para enfrentar al supuestamente nazi Gral Perón.

Volviendo a la historia universal, tampoco tuvieron ningún remordimiento en aliarse anarquistas, comunistas, socialista y liberales para combatir a la España Nacional y Católica de Francisco Franco y José Antonio, durante la guerra civil.

Ni hablar de la Segunda Guerra Mundial, donde Capitalistas y Comunistas enfrentaron al enemigo común que eran los Nacionalismos europeos.



Churchill, Roosevelt y Stalin: Buenos empleados de la sinarquía


Y más recientemente, ningún rubor produjo en los izquierdistas franceses, su alianza con liberales y conservadores para enfrentar al cuco fascista de Le Pen. Tampoco pierda de vista quienes se encargaron de voltear al comunismo soviético, no fueron otros que los trabajadores de los astilleros polacos muy poco entusiasmados con los logros del paraíso comunista.

Ahora, tomemos algunos ejemplos de los "revolucionarios" gobiernos de izquierda en Europa. ¿Que hizo el socialista francés Miterrand en Francia o Felipe González en España? No olvidemos el viaje de este último tras la caída de De la Rua a los efectos de venir a proteger los intereses de las multinacionales españolas en estas tierras.

Si a Ud le sorprende esta comunión entre la izquierda y el alto capitalismo, tómese el trabajo de ver quienes son los auspiciantes de los principales programas de los formadores de opinión zurditos que tenemos. Verá el llamativo auspicio de multinacionales y bancos. También le sugiero que observe que periodistas patrocinan la campaña contra el tema de los medicamentos genéricos, una gran amenaza a los intereses de los laboratorios multinacionales. Tampoco conviene perder de vista la sociedad de Hadad (liberal sindicado como testaferro de Menem) con el diario izquierdista Pagina Doce, para la compra del canal nueve.



Formadores de opinión: Pieza clave de la sinarquía


Si todo esto no le convence y sigue creyendo que la izquierda es alternativa. Le recordamos el nefasto gobierno de Alfonsin, que fuera durante muchos años presidente de la internacional social demócrata. También merece prestarle atención a las simpatías que en la década del 70 Menem sentía hacia el movimiento subversivo izquierdista Montoneros y que le valió, algunos añitos en prisión durante el proceso. Ni que hablar de la coalición que llevó al gobierno a De la Rua con importantes sectores de izquierda. En el aquelarre de Duhalde, tampoco escasean los hombres de izquierda. Sino averigüe el pasado de Solá o Ibarra y ni que hablar de la composición de las cámaras de Diputados o Senadores. En el tema seguridad el Juampi Cafiero es un típico izquierdista y así nos va. Si Ud es de los que se quedó dolido con la entrega del Canal de Beagle, y la boca oriental del Estrecho de Magallanes. Posteriormente de parte de la Laguna del Desierto y de los Hielos continentales, averigüe como votaron los diputados de izquierda en esos temas. Siempre en contra del Interés Nacional.

En síntesis, la izquierda ha co-gobernado en estos años de democracia con el liberalismo. Ocupando fundamentalmente las áreas educativas y culturales. El liberalismo monopolizó la economía. Por ello señores zurdos, no se hagan los distraídos, la responsabilidad en el desastre también la comparten.

La llegada al poder de los candidatos de izquierda, en materia económica, difícilmente suponga un cambio de la situación vigente, dado que responden a los mismos poderes fácticos que actualmente manejan a Argentina. En otros aspectos, oficializarán el aborto, profundizarán las campañas en contra de la policía, las fuerzas armadas y de seguridad. Liberarán el consumo de drogas livianas. Legalizarán las uniones homosexuales. ¿Exagero? Averigüe de que partido es el diputado que Mendoza presentó un proyecto para legalizar las uniones de Homosexuales. Se la contesto socialista.

En una palabra liquidarán toda reserva espiritual que todavía quede en nuestra Patria abriendo camino a una futura disolución, como ya se empieza a evidenciar.

Si Ud cree, que los zurdos son defensores de los derechos del trabajador, vea de que manera trataron esos derechos en estos últimos años. Si investiga un poco la historia argentina comprenderá que nuestra legislación laboral es obra del gobierno militar surgido en 1943 con el entonces Cnel Perón a cargo de la Sub-secretaria de Trabajo y consolidada y profundizada en sus dos gobiernos posteriores. A nivel internacional la primera legislación del trabajo surge en la Italia de Mussolini con la denominada Carta del Lavoro. Por supuesto los zurdos fueron enemigos jurados tanto de Perón como de Mussolini. Ahora Ud. se preguntará entonces ¿a que se dedicaban los izquierdistas de principios del siglo veinte? A combatir los supuestos privilegios del clero y los militares.

Y para terminar con los zurdos. Que no me digan que no le hacen la contención social al sistema. Con su practica de copar cuanto acto de protesta exista, lo único que consiguen es correr a la gente de buena voluntad que no se siente identificada con sus consignas, con sus banderas rojas, ni con la exaltación de terroristas como el Che.

Lo que si es alternativa y ha sido totalmente excluido de la política argentina por el pensamiento único, es el nacionalismo. Esta verdadera opción del pensamiento político argentino, tiene una propuesta seria para formular. Lógicamente, los medios masivos de comunicación, en manos de izquierdistas y liberales, ambos al servicio de la antipatria, no permiten que se filtre ningún tipo de pensamiento discordante. Sin embargo, el pensamiento nacional en sus distintas posturas, se multiplica en Internet, donde todavía no existe una cesura eficaz.


martes, 3 de mayo de 2011

CAMBIO DE RUMBO

Con las próximas elecciones presidenciales apareciendo sobre el horizonte político de la Argentina quizás valdría la pena analizar la posibilidad de un cambio de rumbo. No precisamente desde la perspectiva de los adoradores del cambio que juran que todo cambio es tan necesario como inevitable y, es más, hasta insisten machaconamente en que el cambio es algo bueno de por sí. Porque, según dicen, obliga a “renovarse” y, como todo el mundo sabe, se supone que lo “nuevo” es siempre muchísimo mejor. Pero aun dejando esas tonterías marketineras de lado, es bastante obvio que la Argentina está ya madura para, al menos, replantearse unas cuantas cosas.

Porque hay muchas, demasiadas, cosas que decididamente andan mal. Por de pronto, la actitud general de los políticos ante justamente esas cosas que andan mal. Tomemos, por ejemplo, algo tan obvio y evidente como la inflación. Las dos actitudes que podemos observar frente al fenómeno son realmente típicas de los políticos que tenemos.

El gobierno sencillamente opta por la negativa. Según el INDEC, Guillermo Moreno y la Casa Rosada, no hay inflación. Todo está fenómeno y sólo hay una pequeña “dispersión de precios”. Por lo tanto, parece ser que el criterio de esta parte del espectro político es que podemos solucionar un problema mediante el simple expediente de negar su existencia.

La oposición, por su lado, se rasga las vestiduras denunciando la existencia de una inflación real de entre un 20 y un 30% anual (por ahora) y escandalizándose por la manipulación más que evidente de los datos en la metodología adoptada por el INDEC. Pero, más allá de poner el grito en el cielo y de criticar el “modelo” del gobierno, la oposición no ha impulsado ninguna solución coherente, real y concreta al problema. Por lo tanto, parece ser que el criterio de esta otra parte del espectro político es que podemos solucionar un problema mediante el simple expediente de denunciar su existencia y discutir hasta el día del Juicio Final las mil posibles alternativas.

De modo que, realmente, creo que sería hora de cambiar de rumbo porque, si ante los problemas seguimos aplicando el método de negar su existencia o discutir in aeternum su solución, al final me temo que esos problemas terminarán explotando de un modo o de otro y a esa explosión tampoco la vamos a resolver con políticos que seguramente se pasarán el día echándose la culpa los unos a los otros. Porque, como todos sabemos, en el ámbito político argentino el encontrar a un culpable siempre ha sido muchísimo más importante que hallar una solución.

Lamentablemente, cambiar de rumbo nunca es fácil. Cuando una persona se ha acostumbrado a determinada orientación – y más todavía cuando se ha comprometido con esa orientación – se resiste a abandonarla. Por un lado, el abandonar el sendero habitual, siempre se percibe como algo incómodamente riesgoso; por el otro lado, abandonar algo con lo que uno se ha comprometido equivale siempre a reconocer que el compromiso fue un error.

Por ello, en principio a nadie le encanta la idea de cambiar de trayectoria y los cambios de dirección siempre resultan traumáticos. Hasta en el mundo material se puede observar un fenómeno muy similar. Todos los objetos del universo tangible poseen masa y la masa es esencialmente pasiva. “Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por una fuerza externa que actúe sobre él.” Es la clásica primera ley de Newton que conoce cualquier estudiante de física. Poniéndolo en términos algo más filosóficos, su equivalente sistémico vendría ser algo así como “el ser abandonado a sí mismo tiende al no ser” ya que se deja arrastrar hacia abajo por el tobogán entrópico de la termodinámica hasta que, finalmente, alcanza un estado de desorden y de desestructuración al cual, desde la antigüedad griega, llamamos “caos”.

Es realmente sorprendente cómo los griegos, al menos en el plano de los conceptos abstractos, se adelantaron en más de veinte siglos años a las actuales teorías científicas de nuestras ciencias “duras”. Por ejemplo, ya sabían que la decadencia y la descomposición de una comunidad humana comienzan con muy pequeñas modificaciones en las profundidades de la conciencia, con lo que prefiguraron nuestra moderna teoría del caos según la cual, en los sistemas de equilibrio dinámico, muy pequeñas modificaciones pueden llegar producir enormes consecuencias. Al quiebre del orden interno del espíritu, ya sea individual o social, los griegos lo llamaban “anomia” y a la segunda fase de este estado la conocían como “anarquía”. Esta segunda fase se caracteriza por la manifestación en el ámbito humano de la descomposición del orden natural que los helenos consideraban como algo sagrado; es decir: intocable. En este estado final anárquico, el orden natural o bien desaparece por completo, o bien se mantiene por medios artificiales con lo cual lo que se obtiene es tan sólo un orden formal; es decir: la apariencia de cierto orden que encubre – con mayor o menor éxito – la anarquía subyacente.

Tal como lo demuestra la Historia de todas las civilizaciones anteriores a la nuestra, si este rumbo se mantiene, lo que ocurre al final es la decadencia irreversible que, a su vez, culmina en el caos de la descomposición final.

Si analizamos ahora el rumbo del “movimiento rectilíneo y uniforme” de la política argentina de la(s) última(s) década(s) no es muy difícil darse cuenta de que su orientación es hacia un caos suicida. Por supuesto, es muy difícil determinar con exactitud en qué punto del plano inclinado entrópico de la anomia, la anarquía y el caos nos encontramos en la actualidad. Mi opinión personal – y, por supuesto, nadie tiene la obligación de estar de acuerdo conmigo – es que estamos más o menos a mitad de camino entre la anomia y la anarquía. O, quizás, un poco más cerca de la anarquía que de la anomia. Y seguiremos moviéndonos en la dirección del caos total de un modo rectilíneo y uniforme mientras, por un lado neguemos la existencia de las fuerzas que impulsan el movimiento y, por el otro lado, sigamos en la esterilidad de discutir ad infinitum cuales serían esas fuerzas en absoluto y qué se supone que deberíamos hacer con ellas. En algún momento, alguien tendrá que tener el coraje de poner las cosas en su lugar y llamarlas por su nombre, por más políticamente incorrectos que sean esos nombres y por más antipático que sea el ponerlas en el lugar que les corresponde.

Dejando de lado ahora a Newton, a los griegos y a la física, en la actualidad ya es inocultable que la Argentina está a la deriva. La política argentina se parece a un barco que se deja llevar por la correntada de un río mientras su capitán y sus primeros oficiales se dedican a la improvisación y a las discusiones estériles. El nunca definido ni concretamente explicitado “modelo” del gobierno se basa en una nebulosa ideológica que, en los hechos, se limita al proverbial hacer lo que se nos ocurre, cuando se puede, porque se puede y si conviene o no hay más remedio. La llamada oposición, a su vez, se limita a criticar lo que salió mal, a callar lo que salió bien y a armar un escándalo sobre lo que el gobierno no hizo, porque no se le ocurrió, o porque no quiso, no pudo, no supo, o no le convenía hacerlo. De este modo, mientras en el gobierno y su entorno están ofendidísimos por el hecho de que la oposición no les reconoce los logros y les critica todos los fracasos – además de todas las improvisaciones y todas las corruptelas – los miembros de la oposición se pelean entre sí por el premio al mejor criticón. En buena parte, obviamente, debido la envidia que despierta el quedar siempre fuera de las corruptelas.

No falta, claro, quien señale que precisamente este juego dialéctico de críticas y contracríticas constituye la esencia de la democracia. Pues si lo es, no estaría de más que, mientras duran los torneos dialécticos, al menos alguien le diga al timonel qué tiene que hacer. Alguien debería por lo menos velar por la conservación de la nave mientras discutimos adonde demonios queremos llegar. Porque así como están las cosas, el timonel no tiene ni idea de qué rumbo tomar. Más aun: últimamente estoy empezando a sospechar que el barco llamado Argentina ya ni siquiera tiene timonel.

El problema básico está en que, en lugar de dejarnos llevar por la corriente, tendríamos que girar el barco ciento ochenta grados y empezar a navegar río arriba. Tanto la correntada demoliberal de “derecha” como la socialdemócrata de “izquierda” nos arrastran a un rumbo de colisión.

Los liberales persiguen su sueño de reducir al Estado a su más mínima expresión administrativo-burocrática para dejar el campo libre al zorro financiero libre dentro del gallinero social libre. Dicho sea de paso: al día de hoy sigo sin entender por qué a esto ahora se lo llama "derecha" cuando todas las verdaderas corrientes de derecha que ha conocido la Historia han propugnado exactamente lo contrario. Tanto José Antonio Primo de Rivera como Ramiro de Maeztu – para nombrar sólo a dos y del ámbito hispano – hubieran sacado carpiendo a cualquiera que les hubiera propuesto reducir el Estado para cederle el terreno al capitalismo.

Por su parte, los marxistas, en más de 150 años en ningún lugar del planeta consiguieron organizar un Estado perdurable que funcionara realmente bien. A pesar de eso, insisten en proclamar que todo se solucionaría desatando una guerra de clases en la cual quienes menos tienen simplemente eliminarían a los que más tienen. En su versión vernácula, esta propuesta de cambio por la vía de la guerra civil la tenemos en esa izquierda setentista y su delirio de convocar a “las masas” para una aventura revolucionaria que elimine a “la oligarquía”. Y, dicho sea de paso otra vez: lo que en esto no termino de entender es por qué se lo llama "progresismo". La idea de conquistar al Estado lanzando a "los pobres" contra "los ricos" es el truco más viejo de la demagogia política. Lo inventaron los políticos griegos y romanos hace ya más de 2.000 años. Nota al margen: y a ellos tampoco les funcionó.

El hecho es que todos empujan hacia el caos. Los liberales al proponer un rumbo hacia la anomia producida por un Estado incapaz de cumplir con sus funciones esenciales. Los "progresistas" al insistir en el resentimiento como impulso político principal para producir una anarquía que – entre otras cosas por medio de una justicia patológicamente permisiva e incapaz de poner orden en la calle – haría saltar por los aires la estructura básica misma de cualquier sociedad en aras de una quimera sociopolítica inviable. Así, mientras la “derecha” empuja hacia la anomia, la “izquierda” empuja hacia la anarquía. Y en el medio tenemos a un gobierno supuestamente peronista que no sabe qué rumbo tomar a fin de no perder ni financiación ni votos.

Pese a quien le pese, hay que llamar las cosas por su nombre. El problema argentino no es solamente la ineptitud política del gobierno ni tan sólo la boconería estéril de la oposición. El problema argentino es todo el sistema político en sí mismo. Un sistema que, convengamos en ello, no es exclusivo de la Argentina pero que el país no ha conseguido superar ni mejorar. Ni siquiera ha conseguido hacerlo funcionar razonablemente bien.

Por de pronto, es un sistema que, en última instancia, está basado en el dinero. Quien no tiene dinero no puede tampoco afrontar el costo de una campaña. Quien no puede pagar una campaña, no es conocido. Obviamente, quien no es conocido no consigue votos. Y quien no consigue votos, no llega al poder. Por lo tanto, lo primero que todo político tiene que hacer en este sistema – antes incluso de tener cualquier idea brillante – es conseguir el dinero que hace falta para montar una buena campaña. ¿Cómo lo consigue? Mejor no pregunten.

En segundo lugar, cualquier campaña democrática se basa en una mezcla de demagogia e hipocresía en proporciones variables. De lo que se trata es de conseguir votos. Por lo tanto, se trata de prometer lo que la mayoría de los votantes quiere escuchar y el maquillaje mediático deberá hacer más o menos creíble esa promesa; siendo que esto último, a su vez, también cuesta dinero, por supuesto. De modo y manera que, puesto que “los pobres” – sea lo que fuere que se entienda exactamente por esa expresión – constituyen una proporción relevante del electorado, todos los discursos, sean de “derecha” o de “izquierda” deberán, obligadamente, contener mensajes amigables dirigidos especialmente a ellos. No hay político al que no se le parta el corazón por la existencia de los pobres. Pero ¿quién se ocuparía de ellos si representaran algo así como, digamos, tan sólo el 2% de los votos? De hecho, la enorme mayoría de los políticos sólo se ocupa realmente de los pobres a la hora de tratar de obtener los votos de la pobreza. La verdad es que para muchos políticos, especialmente los de cierta izquierda, la existencia de esa pobreza es más un capital político a explotar que una lacra a eliminar. Más de uno especula con tomar medidas para reducir la pobreza solamente después de llegar al poder y, mientras tanto, torpedea sistemáticamente todos los intentos de algún competidor que trata, eventualmente, de hacer algo para reducir la miseria.

Aunque, en todo caso, también es cierto que lo que se hace es poco y, buena parte de lo poco que se hace, se hace mal. Por ejemplo, una política asistencialista o de subsidios no elimina la pobreza; solamente la disimula en tanto y en cuanto haya plata (ajena) para repartir y se esté conforme en aceptar la catarata de corrupciones y clientelismos que ese reparto genera. Todo el mundo repetirá, por supuesto, que no hay que regalar el pescado sino enseñar a pescar. Pero el hecho concreto es que, en la mayoría de los casos, ni hay donde ir a pescar, ni en los lugares de pesca quedan ya tantos peces como antes. Un montón de empresas cerraron, o se fueron, y las que quedan no crecen al mismo ritmo en que aumenta la demanda laboral, por más que se publiciten tasas de crecimiento económico favorables. Las tasas de crecimiento miden cantidades de dinero y el problema que tenemos es de cantidad de puestos de trabajo productivo. No sólo los que se necesitan ahora, sino los que necesitará la próxima generación.

En otras palabras: lo que hasta el día de la fecha el kirchnerismo no ha conseguido entender es que el problema básico de la pobreza no es un problema de políticas sociales sino un problema de políticas económicas. Específicamente: es un problema de la organización del trabajo. De la creación, de la oferta, y de la organización del trabajo. Pero claro, organizar el trabajo para todos es un poquito más complicado que organizar el fútbol para todos. Y, por supuesto, se perdería más de un voto si alguien tratase de imponer la tendencia de volver a llevar al trabajo regular y cotidiano a todos los que ya se acostumbraron a vivir de subsidios. Muy en especial se generaría la enemistad declarada de quienes se acostumbraron a vivir del repartode esos subsidios. Ni hablemos del aquelarre que se produciría entre los jeques sindicales si a alguien se le ocurriese la peregrina idea de señalar que todo trabajo bien organizado requiere un mínimo de disciplina laboral. Y no me quiero referir ahora al tema del manejo y la administración de los aportes que genera la actividad laboral porque eso equivaldría directamente a meter el dedo en el ventilador.

La Argentina ¿puede continuar así? ¿Puede seguir haciendo el papel del barco arrastrado por la corriente de los acontecimientos? ¿Puede seguir de improvisación en improvisación, con solamente esa vaga noción romántica, convertida en ideología política, de distribuir generosamente la riqueza ajena entre pobres que cada vez tienen menos oportunidades e incentivos para participar de un trabajo productivo? Para que exista riqueza alguien la tiene que generar, y para que la distribución sea justa al que le toca una parte tiene que haber participado en su generación de un modo proporcional a esa parte. Si el que la genera lo hace explotando a los demás, la solución no está en sacarle parte de lo ganado para distribuirlo entre los explotados. La solución está en impedirle que siga explotando a los que contribuyen a generar la riqueza. Y para eso no es necesario ni cerrar, ni expropiar, ni estatizar ninguna empresa, ni permitir piquetes, ni declarar huelgas. Basta con un Estado que se ocupe de solucionar problemas con un mínimo de sentido común y con la suficiente fuerza, autoridad y determinación como para imponer reglas, normas y procedimientos justos.

Pero, para hacer posible algo así, hay que dar vuelta el barco y empezar a navegar contra la corriente. Hay que atacar los problemas en forma objetiva y eficaz, sin ponerse primero a evaluar el "costo político" de las medidas, o a ver quién se lleva el “rédito político” de la solución. Hay que poner al frente de cada proyecto a personas que realmente entienden del problema y no a algún abogado amigo que se cree tan multifuncional que aceptaría ser gobernador de provincia con la misma liviandad irresponsable con la que asumiría como secretario de transportes o director de cultura; y todo eso tan sólo para renunciar en la mitad de su gestión y postularse como candidato a senador o diputado. Hay que poner la estructura financiera al servicio de la producción de bienes y servicios y romper con el esquema actual en dónde la producción, o bien está al servicio de las ganancias financieras, o bien queda relegada a un segundo plano frente a la posibilidad de alguna inversión puramente especulativa. Hay que reestructurar por completo el sistema político saliendo del actual en dónde cualquier politicastro puede hacer cualquier promesa irrealizable y hasta puede ofrecerse como “candidato testimonial” no asumiendo siquiera el cargo para el cual se postuló, con lo cual al final nadie sabe exactamente qué es lo que vota y a veces ni siquiera a quién vota. Hay que emancipar a la política de la dictadura del dinero que paga las campañas. Hay que sacarse por fin la careta, llamar pan al pan y vino al vino, y establecer de una buena vez por todas qué país queremos, cómo lo vamos a construir, con qué lo haremos, quiénes serán los responsables por hacerlo, cuales serán los costos, quiénes los pagarán, quiénes serán los beneficiarios y cuales serán las prioridades del plan.

Pero no se preocupen queridos amigos. Nada de eso sucederá. Ni de aquí a Octubre, ni tampoco después. Los que podrían tener el proyecto no tienen los votos, y los que tienen los votos no tienen un proyecto así.

Así que relájense, disfruten del espectáculo y admiren el paisaje. Y cuando el barco encalle, porque va a encallar, háganle caso a cualquiera que proponga remar contra la corriente. Porque río abajo amenaza el caos y la única salida posible es río arriba.

Denes Martos
29/Abril/2011


Voy a tomarme el atrevimiento de hacer dos pequeñas observaciones al texto: Una es que el autor considera de "derecha" o "verdadera derecha" al falangismo (él cita a José Antonio), cosa con la que nosotros no coincidimos, ya que consideramos a dichas clasificaciones (izquierda, centro, derecha) como sistémicas, arrastradas desde la subversión Francesa de 1789 hasta nuestros días y usada por las tendencias actuales herederas de esas filosofías Iluministas, por lo tanto no vemos mal que se clasifique a los liberales como derecha.

La otra Observación es que el autor invierte los términos de oferta y demanda de trabajo, cosa que es muy común en no especializados, ya que instintivamente se tiende a interpretarlos de esa manera. En el texto, donde dice oferta de trabajo, debería decir demanda de trabajo y viceversa, ya que la demanda de trabajo es la que ejercen las empresas, la empresa demanda fuerza de trabajo y no es el trabajador el que demanda trabajo, sino el que lo ofrece, ofrece su fuerza de trabajo. Utilizados lo termino de esta forma (la correcta) se es coherente con la ley económica de la oferta y la demanda, es decir, cuando sube la demanda ( las empresas necesitan mas empleados) tienden a subir los salarios ( "precio de la fuerza de trabajo" ), en cambio si sube la oferta ( mas gante ingresa al mercado laboral) los salarios tienden a disminuir.


La Lacebrón Guzmán