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domingo, 17 de marzo de 2013

YA ERA HORA: A PREDICAR EL LIBERALISMO ECONÓMICO AL INFIERNO



Descendiente de una familia de ricos estancieros, uno de cuyos antepasados fue presidente de la Sociedad Rural Argentina, José Alfredo Martínez de Hoz se inició en la función pública como ministro de Economía de la provincia de Salta durante la revolución fusiladora.

Luego se desempeñó como secretario de Agricultura y Ganadería y finalmente ministro del presidente de facto José María Guido (1962-1963), No obstante, nunca abandonó la actividad privada en sectores como el financiero, el industrial y el agrario.

En calidad de presidente de la acería Acindar durante los años inmediatamente precedentes al golpe de Estado de 1976, fue convocado inmediatamente por Jorge Rafael Videla para ocupar el estratégico Ministerio de Economía de la Nación, desde donde se convertiría en ideólogo del plan económico que llevó a adelante la dictadura cívico-militar.

Un plan que incluyó el desmantelamiento de la industria nacional, su expropiación por parte del capital financiero internacional y, colateralmente, la persecución y desaparición de miles de opositores y activistas fabriles, culturales, sociales y políticos. 


 

Nuevo ministro de economía del averno: ¿Logrará también fundirlo?



De hecho, tras el retorno a la democracia, fue encarcelado por considerárselo cómplice en actuaciones represivas y en la desaparición de personas, hasta ser finalmente indultado por Carlos Menem mediante el decreto 2745/1990.

En 1984 fue acusado del secuestro de los empresarios Federico Gutheim y su hijo Miguel Ernesto y llegó a cumplir 77 días de arresto por este delito, pero finalmente fue sobreseído. La Cámara Federal Penal, durante el gobierno democrático de Alfonsín, resolvió que Martínez de Hoz era ajeno a los hechos que se investigaban y revocó su prisión preventiva, en 1988. En 1989 fue indultado por el gobierno de Carlos Saúl Menem, impidiéndose así la prosecución de ulteriores causas.

Sin embargo, en septiembre de 2006, durante el gobierno de Néstor Kirchner, su indulto fue declarado nulo por la justicia, un fallo confirmado por la Cámara Federal en abril de 2008, al considerar el secuestro parte de los delitos de lesa humanidad perpetrados como parte del terrorismo de Estado.

En mayo de 2010 se le dictó la prisión preventiva por su presunta vinculación con el secuestro de los empresarios Gutheim, razón por la cual cumplió arresto domiciliario desde ese momento, hasta su fallecimiento producido este sábado.



http://www.diarioregistrado.com/sociedad/71873-murio-martinez-de-hoz.html 

 

martes, 4 de septiembre de 2012

LA SOLUCIÓN DEL SISTEMA: QUE PAGUEN LOS TRABAJADORES


La 'Troika' propone a Grecia alargar la semana laboral a seis días y reducir los costes de despido

La misión de expertos enviada a Atenas por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI), ha recomendado al Gobierno griego una profunda flexibilización del mercado laboral, incluyendo la rebaja de los costes de despido y alargar la semana laboral a seis días, según informa el diario heleno 'Imerisia', que cita un correo electrónico remitido el pasado 31 de agosto a los ministerios griegos de Finanzas y Trabajo. 

ATENAS, 3 (EUROPA PRESS)

La misión de expertos enviada a Atenas por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI), ha recomendado al Gobierno griego una profunda flexibilización del mercado laboral, incluyendo la rebaja de los costes de despido y alargar la semana laboral a seis días, según informa el diario heleno 'Imerisia', que cita un correo electrónico remitido el pasado 31 de agosto a los ministerios griegos de Finanzas y Trabajo.

La propuesta de la 'Troika' se centra en "reducir el elevado coste de entrada y salida de los trabajadores del mercado laboral", así como en "incrementar la flexibilidad de los horarios de trabajo".

En este sentido, los enviados de los acreedores internacionales de Atenas recomiendan al Gobierno extender a seis días la semana laboral, así como reducir a once horas el descanso mínimo establecido entre turnos de trabajo.

Asimismo, los expertos piden al Ejecutivo de Antonis Samaras reducir a la mitad el plazo de notificación de los despidos por parte de los empresarios y el importe de algunas indemnizaciones por despido.

http://noticias.lainformacion.com/mano-de-obra/despidos/la-troika-propone-a-grecia-alargar-la-semana-laboral-a-seis-dias-y-reducir-los-costes-de-despido_YXvOquhQoeZ7XGcfzCzG05/

martes, 26 de junio de 2012

PAGAR DEUDA EXTERNA ES NACIONAL Y POPULAR



El Gobierno dispuso hoy, por decreto, la cancelación de servicios de deuda externa por 2.179.000.000 dólares que contrajo con distintos organismos financieros internacionales, y que corresponden al presente año fiscal.

A través del decreto 928/2012, publicado en el Boletín Oficial, la presidenta Cristina Kirchner ordenó la utilización de "reservas de libre disponibilidad" del Banco Central (BCRA).

Además, se reasignó, para el pago de deuda, remanente del ejercicio fiscal 2011 por un total de 95.351.973,83 dólares.

Según el anuncio oficial, el Tesoro tomará el dinero del Banco Central a través de la emisión de letras instranferibles denominadas en la moneda estadounidense. El monto de dichos documentos de deuda alcanzará 2.083.648.026 dólares, y tendrá un plazo de diez años, según firmó el ministro de Economía, que conduce Hernán Lorenzino.

lunes, 12 de marzo de 2012

EL MODELO ES ENDEUDARSE E HIPOTECAR LOS RECURSOS

Las condiciones favorables del mercado global sumadas a la urgida necesidad de financiamiento extra de algunas provincias posibilitó en los últimos días anuncios de emisión de deuda internacional de parte de algunos gobiernos del interior. 



Salta pactó en la ciudad de Nueva York los términos y condiciones para la emisión de bonos por 185 millones de dólares, a una tasa de interés del 9,5% a diez años, en tanto Mendoza prepara un llamado a licitación para dentro de dos semanas a fin de conseguir un préstamo de 1.100 millones de pesos


Los bonos salteños fueron emitidos con garantía de las regalías de hidrocarburos, con amortización trimestral, y 21 meses de gracia para el pago del capital con la primera cuota en diciembre de 2013 y la última en marzo de 2022. El proceso culminó luego de una ronda de reuniones de funcionarios provinciales con inversores, en las ciudades de Londres, Boston y Nueva York, y participaron los bancos a cargo de la transacción, que son el Citibank y el Macro.

El Gobierno mendocino de Francisco «Paco» Pérez, en cambio, pretende lanzar un bono sin garantías, tomando los ejemplos de la provincia de Buenos Aires y de la Ciudad de Buenos Aires, que advirtieron favorable el horizonte internacional que hoy permite entrar al mercado asumiendo mayores riesgos.

«Además, una garantía deja asentado un antecedente y un límite y no creemos que para nosotros sea bueno porque buscamos contar con la misma oportunidad de tomar deuda el próximo año de ser necesario», argumentó a Ámbito Nacional el ministro de Hacienda cuyano, Marcelo Costa, y anticipó que esperan alcanzar una tasa de casi el 10% como la que obtuvo el Gobierno porteño, con plazos de reintegro de 7 años. Hace apenas dos semanas, la Ciudad de Buenos Aires pactó la emisión de bonos en el mercado mundial por 415 millones de dólares al 9,95%.

Otras de las razones del por qué Mendoza no pone garantías apuntan a que, por ejemplo, las de coparticipación no son tomadas en el mercado internacional y las de regalías, que sí podrían ser usadas en este caso, ya fueron comprometidas para el Mendoza 2018, un título emitido cinco años atrás y que aún no se cancela.

De parte de la gestión del salteño Juan Manuel Urtubey, el ministro de Economía,Carlos Parodi, explicó que «preferimos priorizar una tasa baja y competitiva, para continuar teniendo un servicio de deuda de la provincia manejable», y añadió que «esto nos llevó a pactar una emisión de 185 millones de dólares y completar la necesidad de los fondos para ejecutar las obras de futuros presupuestos».

Según el funcionario, durante las reuniones los inversores valoraron la solvencia fiscal de la provincia norteña y el desendeudamiento de los últimos cuatro años, lo que resultó determinante para tener un libro sobre suscripto que permitió el éxito de la transacción, que llegó a tener una demanda de u$s 255 millones.

Con el apoyo de la Legislatura provincial, Urtubey aprobó la Ley 7.691, que crea el fondo «Reparación histórica del norte de la provincia de Salta», que tiene como destino el financiamiento del plan de obras para los departamentos productores de hidrocarburos. Este fondo se integrará con los recursos provenientes de esta emisión.

Mendoza está autorizada por la Legislatura local para tomar deuda de hasta 1.500 millones de pesos. Para completar el monto, y además porque resulta necesario ante la asfixia del fisco cuyano para cubrir los compromisos salariales -ya que los bonos sólo serán utilizados para invertir y reactivar obras públicas-, Pérez planea pedir un préstamo de 400 millones de pesos al Banco Nación.


martes, 6 de marzo de 2012

ISLANDIA: CRISIS Y REVOLUCIÓN. (SEGUNDA PARTE)

Uno de los países más duramente golpeados por la crisis financiera buscó una salida a la crisis lejos de los rescates a la banca. Ahora se dispone a enjuiciar a su ex primer ministro.




"Islandia satelital"

Hay un país en la periferia de Europa que parece haber encontrado la salida a la crisis lejos de los paquetes de rescate a la banca y de la doctrina del 'demasiado grande para caer'. Un país en que la crisis financiera golpeó de lo más duro y los políticos rinden cuentas ante la justicia: Islandia.


Islandia es una isla-estado en el Atlántico Norte que durante años fue un paraíso de las libertades financieras y campo abonado de la especulación. En 2008, resultó uno de los más golpeados con el estallido de la crisis financiera internacional.


Y en contraste con prácticamente el resto del mundo, Islandia lejos de optar por los paquetes de rescate y la austeridad, buscó una salida de la crisis en dejar caer a la banca y llevar a políticos y banqueros a la justicia.


Desde este lunes se sienta en el banquillo de los acusados el ex primer ministro Geir Haarde, conservador, de 61 años y jefe de gobierno entre 2006 y 2009. Los cargos: negligencia en la crisis financiera.


Haarde, que considera el juicio una farsa y una persecución política, carga ya con la etiqueta de ser primer líder mundial que enfrenta un proceso penal por su presunta responsabilidad en la crisis.





Liberalización financiera


La explicación del abrupto hundimiento de la economía islandesa hay que buscarla en 2001, cuando se introdujeron fuertes reformas de desregulación del sector bancario en las que se incluyeron medidas como la autorización para permitir su endeudamiento en la adquisición de empresas extranjeras.


La crisis estalló cuando los bancos resultaron incapaces de refinanciar su deuda. Debían hasta US$200.000 por cada uno de los 300.000 habitantes de la isla. El gobierno acudió al FMI para pedir US$2.000 millones.


El Producto Interno Bruto cayó un 7%, la inflación se disparó hasta el 12%, cifra similar a la subida de los tipos de interés. La moneda local -la corona- se desplomó


Los ciudadanos comenzaron a pagar los platos rotos: desempleo y ejecuciones hipotecarias. Las protestas no se hicieron esperar y terminaron con el gobierno de Haarde.


El nuevo Ejecutivo optó por dejar caer a los bancos, nacionalizándolos para salvaguardar los ahorros de los ciudadanos y congelar el pago del 100% de la deuda con inversionistas extranjeros.


Muchos de sus clientes estaban en Holanda y Reino Unido. Esos gobiernos optaron por hacerse cargo de los ahorros perdidos por sus ciudadanos y reclaman a Reykiavik hasta US$5.000 millones. Las idas y venidas diplomáticas no han terminado.





Cuestión de tamaño


El relativo éxito de Islandia para encarar la salida de la crisis la explica el ministro de Finanzas, Steingrimur Sigfusson, por el tamaño de su economía. 'Se hace virar más rápido un bote pequeño que un barco grande', le dijo a la BBC.


Y la agencia de calificación de riesgos Fitch elevó recientemente la nota de Islandia un escalón hasta BB+, 'grado de inversión'. Dejó así de ser 'bono basura'.


Fitch justificó su decisión como 'un reflejo del progreso hecho para restaurar la estabilidad macroeconómica, impulsando reformas estructurales y reconstruyendo la solvencia de su deuda soberana'. Islandia creció en 2011 al 3%.


La caída del valor de la corona hizo sus exportaciones más competitivas. Además, en 2009, el nuevo gobierno siguió emitiendo deuda y gastando durante un año hasta que comenzaron a implementar recortes.


Esto contrasta con el caso de los países de la eurozona con problemas en sus cuentas públicas, que por estar en el euro no pueden devaluar su moneda y se han visto abocados a fuertes recortes y medidas de austeridad al solicitar ayuda al FMI y la Unión Europea.


Recientemente, la agencia de calificación de riesgos Fitch rebajó además la nota de cinco países europeos, entre ellos Italia y España. Standards & Poor hizo lo propio con nueve, incluida Francia.





El juicio


El ex jefe de gobierno es visto por muchos como el símbolo de la burbuja económica islandesa que disparó el desempleo, los desahucios y la inflación con el colapso de los tres principales bancos comerciales.

La deuda de las entidades era varias veces el tamaño de la economía del país.


Haarde se enfrenta a la acusación de negligencia ante el Landsdómur, corte especial para procesos que afectan a miembros del gobierno y que en 106 años de historia no había actuado nunca.


El juicio fue impulsado por el Althingi (parlamento), que votó en 2010 por 33 votos contra 30 dio luz verde a que el anterior jefe de gobierno fuera llevado a los tribunales.


'Rechazo todas las acusaciones y creo que no tienen base', dijo Haarde ante el tribunal.


El trabajo de la Fiscalía es demostrar que sus decisiones provocaron efectivamente que se derrumbara la economía del país, mientras la defensa se basa en la imposibilidad de intervenir en la actividad de los bancos y en que la crisis islandesa estuvo relacionada con la internacional y que no había forma de haber previsto o haberla prevenido.


Pero en las últimas semanas parece haber decaído el fuerte apoyo popular con que contaba el juicio a finales de 2010, cuando dos de cada tres islandeses lo apoyaban. Los últimos sondeos apuntan a un empate entre partidarios y retractores.


El proceso también ha sido criticado por el hecho de que Haarde es el único político procesado. Algunos señalan también a los socialdemócratas, actualmente en el poder y en 2008 parte de la coalición de gobierno, y al primer ministro entre 1991 y 2004, David Oddsson, impulsor de la drástica liberalización del sector financiero que muchos apuntan como causa de la crisis.


Pese a todos los procesos abiertos, las primeras condenas no se impusieron a políticos ni banqueros. Cuatro ciudadanos fueron sentenciados el año pasado por haber entrado ilegalmente en el parlamento durante las protestas de finales de 2008.


http://noticias.latam.msn.com/ar/internacional/articulo_bbc.aspx?cp-documentid=32721093

martes, 20 de diciembre de 2011

Análisis Profundo

El siguiente articulo no fue escrito por un nacionalista, por lo que puede entre verse que mantiene algunas opiniones del sistema, pero su meticuloso análisis merece la pena ser tomado en cuenta, pues evidencia que lo que los nacionalistas venimos predicando desde el principio de los tiempos es cada vez más evidente.










La oligarquía financiera contra la democracia social europea
Michael Hudson · · · · ·

19/12/11



La mejor manera de entender la crisis financiera de Europa consiste en observar las distintas propuestas de soluciones. Éstas parecen el sueño de cualquier banquero, una bolsa de regalos que pocos votantes estarían dispuestos a aprobar en un referéndum democrático. Los estrategas bancarios han aprendido a no arriesgarse a someter sus planes a voto democrático, después de que los islandeses rechazaran dos veces en 2010-11 aprobar la capitulación de su gobierno a pagar al Reino Unido y a Holanda a causa de las pérdidas propiciadas por los bancos islandeses deficientemente regulados que operaban en el extranjero. A falta de tal referéndum, las manifestaciones masivas se convirtieron en la única forma que los votantes griegos encontraron para hacer constar su oposición a los 50.000 millones de euros en privatizaciones demandadas por el Banco Central Europeo (BCE) en agosto de 2011.

El problema radica en que Grecia no dispone de líquido para cancelar sus deudas y pagar los cargos por interés. El BCE exige que se vendan los activos públicos (la tierra, el agua y los sistemas de alcantarillado, los puertos y otros activos de dominio público), y también que se realicen recortes en las pensiones y en otros pagos a la población. Es comprensible que el “99% más pobre” esté furioso al ser informado de que el estrato más rico de la población es el gran responsable de los recortes de presupuesto por su ambición acumulativa (sólo en fondos atesorados en bancos suizos se han registrado 45.000 millones de euros). La sola idea de que un asalariado común tenga que financiar las pensiones para compensar las evasiones de impuestos de los ricos (y la ausencia general de impuestos a la riqueza desde el régimen de la junta de coroneles) enfurece comprensiblemente a la población. Que la “troika” del BCE, UE y FMI dicte que no importa cuánto acumulen roben o evadan los ricos, el pago ha de cubrirlo la población en conjunto, no es un posicionamiento político neutro.

Llevar a cabo una política de impuestos democrática restablecería un sistema progresista de impuestos sobre ingresos y propiedades y fomentaría su recaudación, estableciendo penas para los evasores. Desde el siglo XIX, los reformistas demócratas han buscado liberar las economías del derroche, la corrupción y los “ingresos por rentas”. Pero la “troika” del BCE está imponiendo un impuesto regresivo (que sólo puede imponerse cediendo las decisiones políticas del gobierno a un grupo de “tecnócratas” no electos).

Llamar a los gestores de una política tan anti-democrática “tecnócratas” parece un eufemismo cínico con aires científicos con el que designar a los grupos de presión financieros o a los burócratas, a quienes se considera que poseen una visión lo suficientemente estrecha para actuar como necios útiles en nombre de sus espónsores. Su ideología es la misma filosofía de austeridad que impuso el FMI a los deudores del Tercer Mundo desde los años sesenta hasta los ochenta. Reivindicaban la estabilización del balance de pagos mientras introducían mercados libres; estos directivos vendieron sectores de exportación e infraestructuras básicas a los acreedores de crédito nacional. El efecto fue conducir economías regidas por la austeridad a cotas mayores de deuda (de la que se beneficiarían los banqueros y sus oligarquías nacionales).

Ésta es la rutina la que se somete en estos momentos las democracias sociales de la Eurozona. Bajo el pretexto político de la emergencia financiera, los salarios y estándares de vida se pretenden reducir considerablemente y el poder político transvasarse de gobiernos electos a tecnócratas que gobernarán en nombre de grandes bancos e instituciones financieras. Se pretende también privatizar el trabajo en el sector público (y eliminar los sindicatos, mientras la seguridad social, los planes de pensiones y la sanidad pública sufren graves detrimentos).

Este es el guión básico que siguen los ladrones empresarios cuando saquean los planes de pensiones de las empresas para pagar a sus patrocinadores financieros con compra apalancada con financiación ajena. También es la manera en que se privatizó la economía de la antigua Unión Soviética tras 1991, poniendo los activos públicos en manos de cleptócratas, los cuales trabajaron con los banqueros de inversión de occidente para convertir a Rusia y a otros valores de bolsa las queridas de los mercados financieros internacionales. Los impuestos sobre la propiedad disminuyeron cuantiosamente al tiempo que los impuestos fijos se gravaron sobre los salarios (un acumulativo del 59 por ciento en Letonia). La industria fue desmantelada al tiempo que el derecho sobre la tierra y los minerales fue transferido a extranjeros, las economías conducidas a la deuda mientras los trabajadores cualificados y no cualificados se veían obligados a emigrar para encontrar trabajo.

Mientras hacían creer que estaban comprometidos con la estabilidad de los precios y los mercados libres, los banqueros inflaron la burbuja inmobiliaria con créditos. Los ingresos por alquileres fueron capitalizados en préstamos bancarios y rentabilizados con intereses. Esto resultó enormemente beneficioso para los banqueros, pero dejó a los Balcanes y gran parte de Europa Central con una grandísima deuda y un capital social con números negativos en el 2008. Los neoliberales aplaudieron la caída vertiginosa de sus niveles salariales y la mengua de de su PIB como si de la historia de un éxito se tratase, puesto que estos países traspasaron la carga de los impuestos al empleo en vez de a la propiedad o las finanzas. Los gobiernos rescataron a los bancos a expensas del contribuidor.

Es un axioma que la solución a cualquier problema social serio tiende a crear problemas incluso mayores (¡no siempre intencionados!). Vista desde el posicionamiento estratégico del sector financiero, la “solución” a la crisis de la Eurozona consiste en revertir los objetivos de la Era Progresista de hace un siglo (lo que John Maynard Keynes generosamente acuñó como “eutanasia del rentista” en 1936). La idea era subordinar el sistema bancario al servicio de la economía y no al revés. En vez de ello, las finanzas se han convertido en la nueva forma bélica (menos ostensiblemente sangrienta, pero con los mismos objetivos que las invasiones vikingas hace miles de años y que las subsiguientes conquistas coloniales de Europa: apropiación de las tierras y sus recursos naturales, infraestructuras y cualquier otro activo que pueda proporcionar una vía de ingresos. Había que capitalizar y apreciar tales valores, por ejemplo, los que Guillermo I de Inglaterra recogió en su libro Domesday tras 1066, un modelo actual de cálculos al estilo BCE y FMI.

Esta apropiación del superávit económico para pagar a los banqueros se está poniendo los valores tradicionales de los europeos patas arriba. La imposición de austeridad económica, el desmantelamiento de los gastos sociales, la venta de activos públicos, la extinción de los sindicatos, la caída de los niveles de los salarios, los planes de pensiones y sanidad pública en detrimento en países sujetos a reglas democráticas, requiere convencer a los votantes de que no hay otra alternativa. Se reivindica que sin un sector bancario próspero (da igual cuán predador) la economía quebrará mientras las pérdidas bancarias por malos préstamos y especulaciones deterioran el sistema de pagos. Ninguna agencia reguladora puede ayudar, ninguna política de impuestos mejorada, nada excepto la cesión del control a los grupos de presión para que rescaten a los bancos que han perdido las demandas financieras que ellos mismos construyeron.

Lo que quieren los bancos es que se pague el superávit económico en forma de intereses, no que se emplee en la mejora de los estándares de vida, en gastos sociales o incluso en una inversión nueva del capital. La investigación y el desarrollo requieren demasiado tiempo. Las finanzas viven al día. Esta tendencia al corto plazo es contraproducente, y aun así se presenta como una ciencia. La alternativa, se dice a los votantes, es el camino a la servidumbre: interferir en el “mercado libre” mediante la regulación financiera e incluso unos impuestos progresistas

Hay una alternativa, por supuesto. Es lo que buscaron los escolásticos de la civilización europea del siglo XIII a través de la Ilustración y del florecimiento de la economía política clásica: una economía libre de ingresos por rentas, libre de intereses creados empleando privilegios especiales para la “extracción de renta”. En manos de los neoliberales, al contrario, un mercado libre es libre para que una clase rentista favorecida por los impuestos pueda extraer interés, renta económica y precios de monopolio.

Los intereses rentistas presentan su actividad como una “creación de riqueza” eficiente. Las escuelas de negocios enseñan a los privatizadores cómo disponer los préstamos bancarios y la financiación por bonos, prometiendo todo lo que puedan para que los servicios de infraestructura pública sean vendidos por los gobiernos. La idea es pagar estas rentas a los nacos y proveedores de bonos con interés, y después obtener una ganancia capital subiendo las cuotas de acceso a las carreteras o puertos, al agua y al uso del alcantarillado y a otros servicios básicos. Se dice a los gobiernos que las economías pueden dirigirse de forma más eficiente si se desmantelan los programas públicos y se venden los activos.

La diferencia entre el objetivo pretendido y los resultados reales nunca se ha escondido de forma tan hipócrita. Hacer pagos con interés libres de impuestos priva a los gobiernos de los ingresos por las cuotas de acceso a los usuarios, incrementando sus déficits presupuestarios. Además, en vez de promover la estabilidad de los precios (la ostensible prioridad del BCE), la privatización aumenta los precios por infraestructura, vivienda y otros costes vitales, y hacen así negocio creando pagos de intereses y otras inversiones financieras (y sueldos mucho mayores para los gestores). Por tanto no es más que una demanda ideológica refleja el que esta política sea más eficiente simplemente porque los privatizadores son los que otorgan los préstamos y no el gobierno.

No hay ninguna necesidad económica o tecnológica para que los gestores financieros de Europa impongan la depresión sobre la mayor parte de su población. Pero hay una gran oportunidad de ganancia para los bancos que han tomado el control de la política económica del BCE. Desde los años sesenta, la crisis de balance de pagos ha proporcionado oportunidades a los banqueros e inversores para tomar el control de las políticas fiscales (para traspasar la carga de los impuestos al sector laboral y desmantelar los gastos sociales en favor de la subvención a inversores extranjeros y del sector financiero. Obtienen ganancias de las políticas de austeridad que disminuyen los estándares de vida y constriñen los gastos sociales. Una crisis de deudas permite a la élite financiera nacional y a los bancos extranjeros endeudar al resto de la sociedad, utilizando su privilegio de crédito (o ahorros creados como resultado de políticas de impuestos menos progresistas) como palanca para hacerse con los activos y obligar a los ciudadanos a un estado de dependencia por sus deudas.

El tipo de guerra que está engullendo Europa va por tanto más allá de lo meramente económico. Está amenazando con convertirse en una línea divisoria histórica entre la época de esperanza y potencial tecnológico del pasado medio siglo y la nueva era de polarización al tiempo que una oligarquía financiera reemplaza a los gobiernos democráticos y convierte a los ciudadanos en esclavos de la deuda.

Para que una baza tan atrevida y una toma de poder tal tengan éxito, se necesita una crisis que suprima los procesos legislativos democráticos y políticos que normalmente se opondrían. El pánico político y el caos crean un vacío en el que los ladrones se mueven con soltura, utilizando la retórica del engaño financiero y de las economías basura que racionan soluciones interesadas mediante una falsa visión de la historia de la economía (y en el caso del BCE, de la historia alemana en particular).

Con un banco central bloqueado por su éxito, los gobiernos no necesitan pedir préstamos a banqueros comerciales u otro tipo de prestamistas. Desde que el Banco de Inglaterra fuera fundado en 1694, los bancos centrales han estado imprimiendo billetes para financiar los gastos públicos. Los banqueros también crean crédito de forma libre (como cuando hacen un préstamo a crédito de las cuentas de sus clientes, a cambio de un interés prometedor).
 Hoy, estos banqueros pueden tomar préstamos de las reservas del banco central gubernamental a intereses anuales verdaderamente bajos (0.25% en los E.E.U.U.) y prestarlo con intereses mucho más altos. Así los bancos se congratulan de ver que los bancos centrales gubernamentales crean crédito para prestarles. Pero cuando les toca el turno a los gobiernos a la hora de crear dinero para financiar sus propios déficits presupuestarios y emplearlo en el resto de la economía, los bancos prefieren que se reserve tal mercado y sus intereses para ellos mismos.

Los bancos comerciales europeos son inflexibles en cuanto a que el Banco Central Europeo no debería financiar los déficits presupuestarios de los gobiernos. Pero la creación de crédito privado no es necesariamente menos inflacionaria que el hecho de que los gobiernos conviertan sus déficits en moneda (simplemente imprimiendo el dinero que necesitan). La mayoría de los créditos de los bancos comerciales se hacen en contra de los bienes inmuebles, las reservas y los bonos (proporcionando crédito que se emplea en subir los precios de las casas, y los precios de las seguridades financieras, como en los créditos para las compras apalancadas con financiación ajena).

Principalmente es el gobierno quien gasta crédito en la economía “real”, hasta el punto que los déficits presupuestarios públicos se destinan al empleo o a bienes y servicios. Si los gobiernos evitan pagar intereses haciendo que sus bancos centrales impriman dinero con sus propios ordenadores en vez de pedir prestado a los bancos que hacen exactamente lo mismo con sus ordenadores (Abraham Lincoln simplemente imprimió dinero cuando financió la Guerra Civil estadounidense con “billetes verdes”).

A los bancos les gustaría emplear su privilegio de crear crédito para obtener interés de sus préstamos a los gobiernos para que financien sus déficits presupuestarios públicos. Por tanto les interesa limitar la “opción pública” de los gobiernos de monetizar sus déficits presupuestarios. Para asegurarse un monopolio con este privilegio, han organizado una amplia difamación de los gastos gubernamentales y, de hecho, de la autoridad gubernamental en general (la cual resulta que es la única autoridad con poder suficiente para controlar su poder o proporcionar una opción financiera pública alternativa, como hacen las oficinas de correos en Japón, Rusia y otros países). Esta competición entre bancos y gobiernos explica las falsas acusaciones acerca de que la creación de crédito gubernamental es más inflacionaria que si la asumen los bancos comerciales.

La realidad es clara si se comparan las formas en que los E.E.U.U., el reino Unido y Europa manejan sus finanzas públicas. La tesorería de los Estados Unidos es de lejos el mayor deudor del mundo y sus bancos más importantes parece que están en números rojos, sujeto a sus inversores y a otras instituciones financieras por sumas mayores de lo que puede cubrir su carpeta de préstamos, inversiones y sus distintos juegos financieros. Así, mientras la confusión financiera aumenta, los inversores institucionales depositan su dinero en los bonos del tesoro estadounidense (tanto que estos bonos ahora rinden menos del 1%). Por otro lado, un cuarto de los bienes inmobiliarios de los E.E.U.U. sufren un balance negativo, y los estados norteamericanos y sus ciudades se enfrentan a la insolvencia, obligados a reducir sus gastos. Las grandes empresas están dirigiéndose a la bancarrota, los planes de pensiones están cayendo cada vez más en impagos, y aun así la economía estadounidense sigue siendo un imán para los ahorros de todo el mundo.

La economía del reino Unido también parece asombrosa y su gobierno paga tan solo un 2% de interés. Los gobiernos europeos están pagando más de un 7%. El motivo de esta disparidad es que no disponen de una “opción pública” a la hora de crear dinero. Lo que hace a los Estados Unidos y al Reino Unido diferentes de Europa es que tienen un Banco de Reserva Federal o un Banco de Inglaterra que pueden imprimir dinero para pagar los intereses o reinvertir las deudas existentes. Nadie espera de estas dos naciones que se vean forzadas a vender sus terrenos públicos y otros activos para incrementar el dinero con que pagar (aunque lo puedan hacer como opción política). Dado que la Tesorería de los E.E.U.U. y la Reserva Federal pueden crear dinero, se sigue que mientras que las deudas de los gobiernos se designan en dólares, pueden imprimir los suficientes pagarés en sus ordenadores para que el único riesgo que asuman los poseedores de bonos del tesoro sea la tasa de cambio de dólar con otras modernas.

Al contrario, la Eurozona tiene un banco central, pero el artículo 123 del tratado de Lisboa prohíbe que el BCE haga aquello para lo que los bancos centrales fueron creados: crear dinero para financiar los déficits presupuestarios o satisfacer sus deudas venciéndolas. Los historiadores del futuro sin duda alguna encontrarán notable el hecho de que verdaderamente tras esta política hay algo de razón (o por lo menos la pretensión de un tema de primera plana). Es tan endeble que cualquier estudiante de historia podría adivinar la distorsión que sufre. La reivindicación consiste en que si un banco central crea crédito, amenaza la estabilidad de los precios. Sólo el gasto gubernamental se juzga inflacionario, ¡no el crédito privado!

La administración Clinton equilibró el presupuesto estadounidense a finales de los años noventa, cuando la economía de burbuja estaba aún explotando. Por otro lado, la Reserva Federal y la Tesorería anegaron la economía con 13 billones de dólares en crédito para el crédito del sistema bancario después de septiembre de 2008, y 0,8 billones más el pasado verano bajo el programa Flexibilización Cuantitativa de la Reserva Federal (QE2). Aun así los precios al consumidor y de las materias primas no han subido. Ni siquiera los precios del sector inmobiliario y del mercado bursátil están pujando más alto. Por tanto la idea de que inyectar más dinero incrementará los precios (MV=PT) no es operativa hoy en día.

Los bancos comerciales crean la deuda. Ése es su producto. Este apalancamiento de deuda fue utilizado durante más de una década para incrementar los precios (haciendo de los inmuebles y el consumo una pensión de jubilación más cara para los norteamericanos), pero la economía de hoy está sufriendo una deflación de la deuda en forma de ingresos personales, el comercio y las rentas de los impuestos se desvían para pagar la deuda de los servicios en vez de gastarlos en bienes o en puestos de trabajo o incluso invertirlos.

Mucho más impactante es la farsa sobre la historia de Alemania que se repite una y otra vez, como si la repetición evitara que los ciudadanos recordaran lo que realmente pasó en el siglo XX. Escuchar a los directivos del BCE contar la historia, sería muy irresponsable por parte de un banco central prestar al gobierno, a causa del peligro de hiperinflación. La memoria evoca la inflación de Weimar en la Alemania de los años veinte. Pero si uno se detiene a examinarlo, ocurre lo que los psiquiatras denominan un recuerdo implantado (condición en que el paciente está convencido de que ha sufrido un trauma, pero éste no ha ocurrido en la realidad).

Lo que ocurrió en 1921 no fue un caso de gobiernos que reciben préstamos de los bancos centrales para financiar gastos domésticos tales como programas sociales, pensiones o sanidad pública, como ocurre hoy. Más bien, la obligación de Alemania de pagar las indemnizaciones condujo al Reichsbank a inundar los mercados bursátiles extranjeros con marcos alemanes para obtener líquido con que comprar libras esterlinas, marcos franceses y otras monedas para pagar a los aliados (quienes utilizaron el dinero para pagar las deudas por compra de armas a sus inter-aliados de los Estados Unidos). La hiperinflación nacional contuvo su obligación de pagar indemnizaciones con moneda extranjera. Ninguna cantidad fijada en impuestos domésticos habría sido capaz de cubrir la cantidad en moneda extranjera que debían pagar.

En los años 30 esto era un fenómeno que se entendía bien, explicado por Keynes y otros economistas que analizaban los límites estructurales de la capacidad de pagar la deuda extranjera impuesta sin tener en cuenta la capacidad de pagar los presupuestos en moneda nacional. Desde el estudio de Salomon Flink El Reichsbank y la Economía en Alemania (1931) hasta otros estudios sobre las hiperinflaciones chilena y de otras partes del Tercer Mundo, los economistas han encontrado una causalidad común operante, basada en el balance de pagos. Primero aparece una caída en el tipo de cambio. Esto incrementa el precio de las importaciones, y consecuentemente el nivel de los precios nacionales. La secuencia estadística y la línea de causalidades llevan de los déficits en balance de pagos hasta la amortización de los costes de importaciones cada vez más altos, y de estos incrementos en los precios hasta la inyección de dinero, y no al revés.

Los partidarios del mercado libre que escriben en la tradición monetarista de Chicago (básicamente, la de David Ricardo) deja las dimensiones de las deudas nacionales y extranjeras fuera de cuenta. Parece como si el “dinero” y el “crédito” fueran activos a trocar por bienes. Pero poseer una cuenta bancaria o cualquier otra forma de crédito significa deuda al otro lado del balance general. La deuda de unos es el ahorro de otros (y la mayoría de los ahorros de hoy se prestan con intereses, absorbiendo el dinero de los sectores no financieros de la economía). La discusión se reduce de forma simplista a una relación entre el suministro de dinero y el nivel de precios (y de hecho, sólo los precios a los consumidores, no los precios de los activos). En su codicia por oponerse al gasto gubernamental (y por desmantelar los gobiernos y reemplazarlos con estrategas financieros) los monetaristas neoliberales ignoran la deuda impuesta desde Letonia e Islandia hasta Irlanda y Grecia, Italia, España y Portugal.

Si el euro quiebra, será a causa de la obligación de los gobiernos de pagar a los banqueros con un dinero que deben pedir prestado primero, en vez de crear el suyo propio a través de sus bancos centrales. A diferencia de los Estados Unidos y Gran Bretaña, quienes pueden crear crédito del banco central con sus propios ordenadores para evitar que la economía se agoste o se vuelva insolvente, la constitución alemana y el tratado de Lisboa no se lo permiten a su banco central.


El efecto consiste en obligar a los gobiernos a tomar dinero prestado de los bancos comerciales con intereses. Esto proporciona a los banqueros la capacidad de crear crisis (amenazando con llevar las economías fuera de la Eurozona si no se someten a sus “condiciones”, impuestas en lo que se está volviendo una nueva guerra de clases entre las finanzas y el trabajo.

Incapacitar al Banco Central de Europa para privar a los Estados del poder de crear dinero

Una de las tres características definitorias de un estado-nación es su capacidad para crear dinero. Una segunda característica es el poder de recaudar impuestos. Ambos poderes están siendo transferidos fuera del alcance de los representantes electos del sector financiero, como resultado de esta inmovilización del gobierno.

La tercera característica de un estado-nación es el poder de declarar la guerra. Lo que está ocurriendo hoy es el equivalente de la guerra (¡pero contra el poder del gobierno!). Está por encima de cualquier forma de guerra financiera (y los objetivos de esta apropiación financiera son los mismos que los de las conquistas militares): primero, las riquezas de la tierra y el subsuelo sobre las que recaudar rentas como tributo; segundo, infraestructura pública para extraer rentas en forma de cuotas de acceso; y tercero, cualquier otra empresa o activo en el dominio público.

En esta nueva guerra financiera, los gobiernos están siendo llevados a actuar como agentes del orden que actúan en nombre de los conquistadores financieros en contra de sus propios ciudadanos. Esto no es nada nuevo. Ya hemos visto cómo el FMI y el Banco Mundial imponían austeridad en las dictaduras latinoamericanas, en los cacicazgos militares africanos y en otras oligarquías desde los años sesenta hasta los ochenta. Irlanda y Grecia, España y Portugal están siendo llevados a las mismas políticas públicas de liquidación de activos, y todo en manos de agencias financieras supra-gubernamentales que actúan en nombre de los banqueros (y por tanto en nombre del 1% de la población).

Cuando no se puede pagar o vencer las deudas, llega el tiempo de ejecución hipotecaria. Para los gobiernos esto implica la privatización de las ventas para pagar a los acreedores. Además de ser una apropiación de la propiedad, la privatización tiene por objetivo reemplazar el trabajo en el sector público por una fuerza de trabajo sin sindicatos que la respalde con menos derechos de pensión, sanidad pública o voz sobre las condiciones de trabajo. La antigua guerra de clases vuelve a la carga (con un rizo financiero). Al agostar la economía, la deflación de la deuda ayuda a amputar el poder de resistencia de los trabajadores.

También otorga a los acreedores el control sobre la política fiscal. En ausencia de un Parlamento paneuropeo con poder para imponer las reglas del sistema de impuestos, la política fiscal pasa a manos del BCE. Al actuar en nombre de los bancos, el BCE parece favorecer la regresión del camino que llevaba el siglo XX hacia los impuestos progresistas. Además, como han dejado claro los grupos de presión financieros de los E.E.U.U., las demandas de los acreedores se dirigen a que los gobiernos re-clasifiquen las obligaciones públicas como “cuotas de usuario”, que se financien mediante retenciones sobre los salarios destinadas a ser administradas por los bancos. Traspasar la carga de impuestos de los bienes inmuebles y las finanzas al trabajo y la economía “real” significa una amenaza de volverse una apropiación fiscal por encima de la apropiación de la privatización.

Esta es una política de corto plazo autodestructiva. La ironía radica en que las déficits presupuestarios de los PIIGS provienen de las propiedades sin impuestos, y un cambio mayor en el sistema de impuestos puede empeorar la situación en vez de estabilizar los presupuestos gubernamentales. Aun así los banqueros buscan sólo aquello que pueden ganar a corto plazo. Saben que toda renta por recaudación de impuestos que se desvíe de los bienes inmuebles y los negocios es una promesa de interés para los bancos. Así a la economía griega, como a otras economías oligárquicas, se les aconseja pagar sus deudas recortando los gastos gubernamentales (pero no el gasto militar en armas provenientes de Alemania y Francia) y traspasando los impuestos al sector laboral y la industria, y a los consumidores en forma de mayores cuotas de acceso a los servicios públicos que aún no se han privatizado.

En Gran Bretaña, el primer ministro Cameron afirma que achicar aún más el gobierno bajo las directrices Thatcher-Blair otorgará más trabajo y recursos al servicio de las empresas privadas para crear puestos de trabajo. Los recortes fiscales aumentarán de hecho el desempleo, o por lo menos obligarán a aceptar trabajos peor pagados con menos derechos. Por otro lado, recortar los gastos sociales menguará el sector empresarial y agudizará por tanto los problemas fiscales y de deuda al empujar a las economías hacia la recesión.

Si los gobiernos recortan su gasto para reducir el tamaño de sus déficits presupuestarios (o si aumentan los impuestos, llevando a un superávit), entonces estos superávits absorberán el dinero de la economía, dejando menos para gastar en bienes y servicios. El resultado no puede ser otro que el desempleo, mayores deudas y bancarrotas. Debemos observar a Islandia y a Letonia como si fueran los canarios de esta mina financiera. Su reciente experiencia muestra que la deflación de la deuda lleva a la emigración, acortando las esperanzas de vida, tasas de nacimiento menores y menos matrimonios (pero proporciona grandes oportunidades para que los buitres de los fondos engullan el tuétano de la riqueza hasta los confines de la pirámide financiera).

La crisis económica de hoy es una cuestión de elección política, no una necesidad. Como dijo el jefe del equipo de la administración Obama Rahm Emanuel: “Una crisis es una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar”. En tales casos la explicación más lógica es que alguien debe estar beneficiándose. Las depresiones aumentan el desempleo, ayudando a quebrar el poder de los empleos con o sin sindicatos que los respalden. Los E.E.U.U. se ven como un presupuesto estatal y local a exprimir (pues ya se anuncian las bancarrotas), y los primeros recortes serán en la esfera de las pensiones. Las altas finanzas sacan sus beneficios (al no beneficiar a la población trabajadora con los ahorros y las promesas hechas).

El pez grande se come al chico

Esta parece ser la idea que tiene el sector financiero de una buena planificación económica. En verdad es peor que un plan de suma-cero, en el que la ganancia de una parte es la pérdida de la otra. Las economías en conjunto menguarán (y cambiarán su forma, polarizándose entre acreedores y deudores). La democracia económica allanará el camino a las oligarquías financieras, revirtiendo la tendencia de los últimos siglos.

¿Está Europa preparada para dar este paso? ¿Reconocen sus votantes que privar a los gobiernos de su opción pública de crear dinero otorgará tal privilegio a los bancos en forma de monopolio? ¿Cuántos observadores han previsto el inevitable resultado: traspasar la planificación de la economía y la localización de los créditos a los bancos?
Aunque los gobiernos proporcionen una “opción pública”, la de crear su propio dinero para financiar sus déficits presupuestarios y proveer a la economía de crédito productivo para reconstruir las infraestructuras, sigue existiendo un problema: deshacerse de la inversión en deuda existente supone un lastre en la economía. Los banqueros y los políticos que respaldan se niegan a reducir las deudas y mostrar así la capacidad de pago. Los legisladores no han dispuesto una sociedad con un proceso legal para reducir las deudas (excepto la ley de acción pauliana de Nueva York, la cual permite anular las deudas si los prestamistas otorgan préstamos sin asegurarse primero que el deudor podrá pagarles).

Los banqueros no quieren asumir la responsabilidad de los malos préstamos. Esto plantea el problema financiero de qué deben hacer los que diseñan las políticas cuando los bancos han sido tan irresponsables al localizar sus créditos. Sin embargo alguien tiene que asumir la pérdida. ¿Debe ser la sociedad en su conjunto o los banqueros?

No es un problema que los banqueros puedan resolver. Ellos quieren pasar el problema a los gobiernos. Lo que llaman “solución” al problema de la mala deuda consiste en que los gobiernos les den bonos buenos para malos préstamos (“dinero por basura”), y que lo paguen los contribuyentes. Han diseñado un aumento desproporcionado de bienes para ellos mismos, y ahora quieren llevarse el dinero y salir corriendo. La deuda que los deudores no pueden pagar será esparcida por toda la economía en conjunto.

¿Por qué deben ellos resarcirse de los daños a costa de agostar el resto de la economía? Su respuesta es que las deudas se deben a los fondos de pensiones de los trabajadores, a los consumidores con depósitos en bancos, y que todo el sistema se vendrá abajo si los gobiernos no pagan sus bonos. Si se les presiona, los banqueros admiten que han sacado los seguros de riesgo (obligaciones de deuda colateralizadas y otras coberturas de riesgos). Sin embargo los aseguradores son bancos estadounidenses y el gobierno norteamericano está presionando a Europa para que no hiera su sistema bancario. Así que el embrollo de la deuda se ha politizado a nivel internacional

Para los banqueros, la línea de menor resistencia consiste en fomentar la ilusión de que no tienen la necesidad de aceptar moras para las deudas demasiado altas que ellos han propiciado. Los acreedores siempre insistirán en que puede mantenerse la inversión de deuda.

El motivo de que esto no funcione radica en que tratar de recaudar una deuda de la magnitud actual dañaría gravemente la economía “real” subyacente, haciendo incluso menos accesible su pago. Lo que empezó como un problema financiero (malas deudas) se convertirá ahora en un problema fiscal (malos impuestos). Los impuestos son el coste de hacer negocio, así como pagar el servicio de la deuda es también un coste. Ambos costes deben reflejarse en los precios de los productos. Cuando los contribuyentes están sobrecargados con impuestos y deudas, tienen menos capital disponible para gastar en consumo. Así los mercados menguan, poniendo más presión en la rentabilidad de las empresas nacionales. La combinación hace que cualquier país que siga tal política se convierta en un productor de coste y por tanto menos competitivo en el mercado global.

Este tipo de planificación financiera (y su traspaso paralelo de impuestos fiscales) conduce hacia la industrialización. La creación de dinero de curso legal intergubernamental por el BCE o el FMI deja las deudas listas, al tiempo que preserva el control de la riqueza y la economía de las manos del sector financiero. Los bancos pueden recibir pagos de deudas a través de las propiedades con hipotecas excesivas, sólo si reducen las obligaciones de las pensiones, de la sanidad y los salarios de sus empleados (o pagos de impuestos a los gobiernos). En la práctica, las “deudas honoríficas” significan nada más que deflación de deuda y mengua general de la economía.

Este el plan de mercado de los financieros. Sin embargo, dejar la política de impuestos en manos de los banqueros acaba siendo lo opuesto a la temática general de la economía de mercado libre de los últimos siglos. El objetivo clásico era minimizar la inversión de deuda, cobrar impuestos de las rentas por los recursos naturales y mantener los precios de monopolio en línea con los costes actuales de producción (“valor”). Los banqueros han prestado cada vez más en contra de los mismos ingresos que los economistas del mercado libre creían que debía ser la base impositiva natural.

Así que algo hay que ceder. ¿Será la filosofía de la economía liberal de mercado libre de los últimos siglos, renunciando a planificar el superávit económico para los banqueros? ¿O reafirmará la sociedad la filosofía económica clásica y los valores de la Era Progresista, y reafirmará el diseño social de los mercados financieros para fomentar un crecimiento a largo plazo reduciendo al mínimo los costes de vida?

Por lo menos en los países más endeudados, los votantes europeos están despertando al golpe de estado oligárquico en el que los impuestos y la planificación presupuestaria de los gobiernos y el control están siendo transferidos a las manos de ejecutivos designados por el cartel de los banqueros internacionales. Este resultado es el contrario de lo que han perseguido las economías de libre mercado de los últimos siglos.

Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y después en el Hudson Institute. En 1990 colaboró en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor económico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaña primaria presidencial demócrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canadá, México y Letonia, así como al Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.

Traducción : Vicente Abella

sábado, 19 de noviembre de 2011

El poder financiero al descubierto


Este viernes en pagina 12 se publico un pequeño articulo llamado “la Red Capitalistanos revelo que nuestras acusaciones contra la banca mundial de ser el principal poder del mundo ha sido demostrado científicamente. En concreto este es el artículo:
La ciencia de la visualización confirma lo que uno podría suponer: 1318 corporaciones controlan la economía global. El dato surge del análisis de ETH de Zurich, que gracias a un análisis matemático reveló que son las instituciones financieras las que dominan la economía global gracias a sus fuertes interrelaciones. Esta organización supone un riesgo para la economía global, dicen los matemáticos “despojados” de postura ideológica. Según el estudio, la solución es controlar los vínculos entre los más poderosos a través de regulaciones internacionales. El estudio tomó forma de visualización global luego de relevar 43 mil corporaciones transnacionales
http://www.pagina12.com.ar/diario/cdigital/31-181208-2011-11-18.html

 Los científicos en su inocencia proponen nuevas regulaciones para controlar a estas multinacionales. Sin advertir que estas mismas entidades financieras sirven a los que realmente regulan el mundo, en otras palabras ellos se regularían a sí mismos. De no ser así, esta noticia estaría en primera plana del diario clarín. Por el contrario es un pequeño artículo al margen para informar a los secuaces del poder financiero de las investigaciones que los ponen al descubierto.
Es necesario que nosotros difundamos la complicidad entre los gobiernos y el poder financiero para tratar de evitar que a través de un falso antagonismo se use a una herramienta informal de poder mundial para instaurar una institución formal de poder mundial dirigida por la misma organización  que se mantiene lo más oculta posible a la cual nosotros por comodidad llamamos sinarquía, nuevo orden mundial o poder real. Pero claro ellos no se llaman a sí mismos de ese modo y la naturaleza de la sinarquía es informal y silente.
En lo que respecta al asunto puntual del abrumador poder financiero, no es lo abrumador de su poder sino su filiación.  Es decir lo que se propulsa con ese poder. Dada nuestra oposición a lo políticamente correcto y a todas sus consecuencias, la solución es que ese poder sea trasladado a organizaciones que impulsen el programa nacionalista.  La forma más natural es primero recuperar el Estado (organización capaz de llevar adelante el programa nacionalista) y luego transferirle el poder financiero hasta ahora ejercido por las empresas multinacionales.

sábado, 10 de septiembre de 2011

ESPAÑA AL FILO DE LA NAVAJA

Por Jose Olano

España introdujo recientemente un cambio en su constitución que ahora prohíbe el déficit público. En la práctica esto significa un ajuste de 98 mil millones de Euros, un 10 % de su presupuesto y una deuda superior al 78 % de su PBI. Lo que significa una inminente espiral recesiva. Se encuentra en una situación peor que la de la Argentina en el 2001. El régimen demoliberal los ha llevado prácticamente a un callejón sin salida, estando en este mismo momento con una situación social inestable con amplio descontento solo podemos espera que esto empeore como nadie lo imagina.
Los resultados serán un aumento de la pobreza, desaparición de subsidios de todo tipo, una caída de la inmigración y paradogicamente mayor rechazo a los inmigrantes con el comienzo de un movimiento emigratorio.
En un escenario conservador se esperaría que esta situación continuara hasta que se haya pagado suficiente deuda pública para que aminoren los costos de los intereses y el Estado pueda pensar de nuevo en aumentar sus presupuestos en gastos internos. Dependerá del Poder Internacional del Dinero si mantendrán a este país en la miseria o lo harán resurgir cuando así le convenga.
En un escenario menos probable tal vez España se viera obligada a salirse de la UE o entrar en cesación de pagos, pero esto no es plausible en el régimen económico actual de los países centrales pues implicaría una verdadera convulsión interna a nivel continental, tanto política como económica.
España es hoy campo fértil para propuestas anti-sistémicas, creemos humildemente que es deber de cualquier nacionalista español hacer campaña hoy mas que nunca para evidenciar la gran estafa a la que fue sometido el pueblo español y todo el mundo occidental.