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lunes, 1 de mayo de 2017

LOS "NI UNA MENOS" DEFIENDEN VIOLADORES

Lección de hipocresía

 Por Martín Ledesma


Los nacionalistas solemos decir que este es un sistema perverso. El mismo consta de la ficción de ser un sistema “plural” y, por lo tanto, donde las opiniones y posiciones de los distintos actores que se manejan en nuestra sacrosanta democracia son totalmente independientes unas de otras. Nosotros, los nacionalistas, siempre señalamos que esto es una pantalla, y que la independencia de estos actores (partidos políticos) no son independientes, sino manejados por el verdadero poder detrás de ellos, a través de dádivas, extorsiones, financiamiento y, cuando no, la amenaza, sobre todo a la lapidación pública en los grandes medios de comunicación. Este es el poder que denominamos "poder financiero internacional"

Dicho esto, se entenderá más fácilmente que dentro de esta verdadera obra de títeres llamada parlamento cada títere tiene un papel, un rol que cumplir, y, como todos sabemos, una obra de títeres tiene un desarrollo y un final ya pautado por el escritor de la obra. Los títeres no se salen de lo que tienen que decir y hacer para llegar al desenlace ya pautado.

En este reparto de papeles a la izquierda o progresistas le corresponde el papel de “defensor de los desvalidos”, o lo que el sistema considera desvalidos o quiere hacer creer que son los desvalidos. Pero como vengo diciendo, esto no es un fin en sí mismo, es la parte del papel que les toca jugar para llegar al final (objetivo) deseado por el titiritero. No es por mero amor a la humanidad que la izquierda siempre enarbola la bandera de la defensa de lo más marginal de la sociedad, esa es su función, cubrir en un halo de heroísmo a los agentes principales de la decadencia del denominado occidente.

Entre este conjunto de marginales “desvalidos” defendidos por los progresistas se encuentra, como la niña mimada de la izquierda, los delincuentes de toda laya, preferentemente los asaltantes y asesinos. Son defendidos con mil argumentos, entre los que se destaca que son “victimas sociales”, que no tuvieron oportunidad a la educación, que son personas que lo hacen para sobrevivir, etc. Todo lo que ya hemos escuchado mil veces de los pretendidos “defensores de los derechos humanos” y los defensores de la tesis de la “lucha de clases”. Y en última instancia la culpa “es de todos”, de “la sociedad”, licuando la responsabilidad de un delincuente en todo el conjunto social como argumento efectivo para dejar impune al mismo.

En realidad, les importa nada la causa de la marginalidad de estos sujetos, es todo una excusa para que estos agentes de desorden sigan libres causando caos social y hacer más manejable la población para los verdaderos dueño del poder detrás de las instituciones políticas formales (lo que más arriba llamamos poder financiero internacional).

Otro ítem que suele usar la izquierda como caballito de batalla es la de la “defensa de la mujer”, y otra vez la utilizan no porque les interese realmente la mujer, sino como otra arma de división social, la del feminismo como excusa de constante conflicto con su supuesto enemigo, el hombre. Toda una maraña de argumentos de supuesta opresión histórica del hombre sobre la mujer para justificar una lucha de sexos absurda y autodestructiva.

El problema llega cuando una mujer es violada y asesinada por un delincuente. ¿A quién va a defender la izquierda? A la “oprimida” en la lucha de sexos o al “oprimido” en la “lucha de clases”. Pues esto se resuelve muy ingeniosamente por los progres. Se organiza una marcha denominada “ni una menos”, donde gente ingenua acude pensando que realmente tiene por objetivo defender a la mujer, y se grita y chilla a los cuatro vientos contra la causa de los asesinatos y las violaciones. El sentido común nos diría que los culpables son los asesinos y los violadores… pues no para los progresistas, la culpa es, según ellos, del “patriarcado”, del “machismo” y también de todos los hombres, quienes en el imaginario feminista vendríamos a ser como una especie de perpetuadores y aplaudidores de la “cultura del machismo” y por lo tanto alentamos y aprobamos el accionar de gente (si así se le puede llamar) que viola y asesina mujeres.
  
Y así se queda bien con Dios y con el diablo. El violador impune mientras se vocifera a los cuatro vientos la aberración de la violación. El asesino suelto, mientras se hacen tan ridículas como ineficaces exhibiciones de senos por parte de feministas en contra del asesinato de mujeres.

¿No me cree que es así? A las pruebas me remito. Veamos cómo votaron los denominados progres, incluyendo sus más reconocidos y más acérrimos defensores del feminismo y adherentes al “ni una menos”, el proyecto de ley para endurecer las penas de los violadores y asesinos entre otros delitos. (Esto los grandes medios lo ocultan sistemáticamente, no quieren “levantar la perdiz” de la hipocresía detrás de toda esa parafernalia del “ni una menos”).

Myriam Bregman, del Partido de los trabajadores socialistas (PTS) votó en contra



Myriam: la reina de la hipocresía


 
Remo Gerardo Carlotto, del Peronismo para la victoria, votó en contra


El hijo de la abu...


Victoria Donda Perez, de Libres del sur, votó en contra


 Vicky: Ex cristinista, actual anticristinista, habil en el arte de panquequear



Máximo Kirchner, De Frente para la victoria, votó en contra

Quedó exhausto después de levantar la mano para votar en contra


Nestor Pitrola, del Partido Obrero, votó en contra



Margarita Stolbizer, de GEN, votó en contra


Ella ya ganó el concurso de doble discurso


Además, hubo referentes importantes que estuvieron ausentes en la sesión como:

Por la UCR:
Ricardo Alfonsín y Alejandro Echegaray

Por el Frente para la Victoria:
Julio Devido, el “Aguanta Dictadura” Juan Cabandié, el ex ministro de economía Axel Kicilloff y el ex montonero Carlos Kunkel.

Hermes Binner por el Partido Socialista

El banquero (o funde bancos impune) “rebelde” Carlos Heller por el partido Solidario Sí.

La denunciadora que vaya a saber uno de donde saca la info (¿Embajada de EEUU?) Elisa Carrió, de la Coalición Cívica.

Lista completa de votación diputado por diputado


miércoles, 22 de febrero de 2017

EL TIEMPO NOS DA LA RAZÓN


Siempre acusado de fatalistas y conspiranoicos, los nacionalistas prefiguramos cuál será el futuro de la sociedad cuando el sistema perverso en el que vivimos impone ciertas medidas y dogmas ideológicos, primero a través del lavaje de cerebro con los medios de comunicación, y luego de cumplida esta etapa, con la imposición a través de leyes.

Nunca falta el epíteto de retrógrado y “facho”, entre otros, palabras que en el vocabulario “progre-bien pensante” son sinónimo de maldad absoluta.

Sin embargo, la gente hoy, atónita, contempla el triste espectáculo de la decadencia humana, cuyo más reciente referente puede ser el autodenominado “Tetazo”, una manifestación organizada por lo peor del feminismo vernáculo, supuestamente para pedir la libertad a que las mujeres puedan andar con sus pechos descubiertos en la vía pública o al menos eso parece, en realidad nunca se sabe bien qué es lo que quieren las feministas. Tal vez no lo sepan ni ellas.

Ahora que está todo a la vista, la gente, nos pueda llegar a entender: que esto no es fruto de la casualidad o de un puñado de inadaptados sociales que salen a chocar contra lo establecido. Sino que es el producto bien planeado de la destrucción cultural planificada por los poderes fácticos, que gracias a su enorme riqueza manipulan la opinión pública, para sobre sus cenizas construir un “mundo sin identidad”. Es decir, la mano de nuestro enemigo, el cual siempre nombramos a pesar de que los necios y los cómplices nos traten de fabuladores: el sistema o poder internacional del dinero, el cual pretende construir un “nuevo orden mundial”, sin patrias, ni identidad, para lo cual es menester previamente pulverizar culturalmente a los pueblos.



Repetimos, esto no es casualidad, es la consecuencia lógica de una ideología destructiva, que termina llevando hacia la anarquía y el nihilismo, impuesta por estos poderes fácticos, el liberalismo en sus distintas facetas: filosófica, política, económica, social, etc. llevado al paroxismo.


El liberalismo parte de la falacia, repetida una y mil veces, de que “el derecho de uno termina donde empieza el del otro”, algo totalmente absurdo que no resiste el menor análisis, ya que si existiese una línea absoluta que nos señale dónde empieza el derecho de uno y termina el del otro no se necesitaría una compleja codificación de leyes que nos diga qué se puede y qué no se puede hacer.

De esta forma los medios de comunicación, partiendo de esta falacia, nos martillan en la cabeza que “tal ley es represiva” porque limita conductas que de llevarse a cabo no estarían “perjudicando a otros”. Si alguien osa quejarse sobre la derogación de tal “ley represiva”, la respuesta en el caso que enumeramos más arriba sería: “si no te gusta que las mujeres anden desnudas no la mires”. Con esa falacia nos han impuesto leyes para aceptar por ejemplo el “matrimonio homosexual” ya que su existencia, en las mentes progresistas, no “perjudica a otros”. En conclusión, los colectivos progres (homosexuales, aborteros, feministas, etc) junto con los medios de comunicación son los nuevos autócratas que nos dicen qué conductas son las que “perjudican a terceros” y cuáles no, haciéndose con esto dueños de dictaminar o modificar a su antojo la legislación y códigos de convivencia.

Ahora, esos mismos progres son los que limitan a través de leyes la investigación histórica, coartan la liberta de buscar la verdad, en nombre de dogmas ideológicos que no se está permitido poner en duda. Como recientemente pretende llevar adelante una diputada, intentando prohibir que se nieguen o investiguen ciertos hechos históricos. En este caso sí, el cerebro progresista no ve ninguna “ley represiva”, ya que poner en dudas sus dogmas “atenta contra la humanidad”.

Cuando el nacionalismo manifestó que las distintas leyes libertinas que se fueron sucediendo iban a llevar al país a al nihilismo y la anarquía, se nos acusó siempre de exagerados. Pues bien, al final tenemos razón, y mucha gente ya empieza, a veces tímida y torpemente, a manifestar opiniones cercanas a las nuestras, la mayoría de las veces sin saberlo.

Cuando quien esto escribe rondaba recién los dos años de vida, el nacionalismo de la época se manifestó en contra de la ley de divorcio, argumentando que iba a destruir a la familia. Los apologistas de la ley acusaron como siempre de “facho” y retrógrada, y que eso era una exageración y que no pasaría. Veamos el caos en el que vivimos hoy. Cosas que antes no existían: violencia en los colegios, anarquía en la juventud; producto de familias totalmente desestructuradas. Así y todo, los progres niegan o se hacen los boludos (disculpen la expresión) de las consecuencias de sus fantásticas ideas. No quiero decir que no haya hijos de matrimonios constituidos que se hayan descarriado, ni que los hijos de padres separados sean necesariamente un desastre, pero el caos a nivel social general de las familias es innegable.

Cuando el nacionalismo hablaba que el “matrimonio homosexual” era una caja de pandora que abría las puertas a legalizar cualquier tipo de conducta por más contraria a la naturaleza, el bien común o el sentido común que sea, se nos acusaba de nuevo con los conocidos epítetos. Hoy tenemos que ver agrupaciones de pedófilos “peleando por sus derechos” en Europa. Pues claramente si todo es relativo como el liberalismo pregona, entonces un día se puede determinar que ser menor de edad no es impedimento para “decidir relacionarse con mayores” y la pedofilia pasa a ser una más de los “diversos” gustos sexuales.

No digan que no les avisamos si mañana se intenta legalizar el nudismo, o incluso poder mantener relaciones sexuales en plena vía pública, aduciendo que “al que no le guste no lo haga ni lo mire”, o poder hacer las necesidades fisiológicas en la calle (siempre y cuando se junten los desechos en una bolsa de nylon como a los perros) o cualquier otro disparate por más loco que hoy en día pueda sonar.

Sin extenderme más solo ruego que la gente vea tan claramente como nosotros las consecuencias del liberalismo y sus derivados (p/e el sistema partidocrático en su faceta política), y que dejen de comprar los espejos de colores que los medios de comunicación les venden como modelos de “tolerancia, respeto y diversidad”, que son solo la excusa para la destrucción total de las naciones del orbe.

Martín Ledesma

Fotos: "Ciudadanos ejemplares según el modelo progre" la gente ya empieza a dudar de las bondades de la "tolerancia" predicada por los medios dominantes.

domingo, 30 de octubre de 2016

IDEOLOGÍA DE GÉNERO Y CORRUPCIÓN DE MENORES



Por Martín Ledesma

Cuando decíamos que del “matrimonio igualitario” a la legalización de la pedofilia hay una progresión lógica se nos acusaba, junto con otros mil epítetos, de exagerados, conspiracionistas y retrógrados, como no podía ser de otra forma; que una cosa no tenía nada que ver con la otra ya que las relaciones homosexuales adultas son un “consenso entre dos”, mientras que los menores no pueden decidir. Este último argumento encierra, cuando no una perversa complicidad con los sectores de poder que quieren imponer la “ideología de género”, una profunda ignorancia de la argumentación principal sobre la que se construye dicha ideología.
La ideología de género parte de un individualismo enfermizo, donde con solo la voluntad de las partes involucradas alcanza para que algo sea “verdad” o “normal”. Esto último, la normalidad, encierra otra de las columnas vertebrales de dicha ideología: la negación de la existencia de la verdad o de la esencia misma de las cosas, pasando a ser la “normalidad” aquello que las partes involucradas acuerden.
Por eso dos personas del mismo sexo son un “matrimonio” si ellos lo creen así, o una persona pasa a ser del sexo opuesto si voluntariamente lo manifiesta. Es decir que no existe bien o mal, el bien y el mal depende de cada uno, es una construcción social, como le gusta decir al universo progre. Es el relativismo llevado a extremos de locura, propios del clásico loco de manicomio que está convencido que es Napoleón.
Siguiendo esta línea lógica es poco confiable el argumento de que “la pedofilia no puede ser legalizada porque faltaría la voluntad del menor, el cual no estaría capacitado para ejercerla”. Esto último, apegándonos al relativismo ya mencionado sobre el que se apoya esta ideología, se puede derribar fácilmente aduciendo a que el hecho de que “el menor no puede decidir”, es relativo y una “construcción social” de opresión a los menores, patriarcal, y un largo etc. Luego vendrán los “estudios científicos” que “demostrarán” que los niños pueden elegir por sí mismos, que la “inmadurez” para tomar decisiones es un mito creado por una “dictadura de los adultos” y miles de otras argumentaciones bien al estilo progre. Finalmente, para convencer a la masa idiota, solo falta la constante reiteración de estos “estudios” y consignas día y noche en los medios de comunicación y la acusación, por parte de estos mismos medios, de “pedofóbico” a quien se oponen a esta nueva “novedad” en cuanto a “relaciones humanas”. Así una masa de descerebrados y/o pervertidos van a apoyar y defender la práctica como legítima, mientras que otra masa aún más grande no estará a favor, en distinto grado de desacuerdo, pero que no se atreverá a correr el riesgo de ser llamado “pedofóbico”, retrógrada, nazi y demás epítetos ya preparados para la ocasión. Ya hemos “legitimado” la pedofilia.
Si aún cree que esto es exagerado entonces no sé cómo podríamos catalogar a las siguientes imágenes, donde desde una fundación chilena llamada “Transitar” se fomenta el transformismo en menores de edad aduciendo a que ellos “pueden decidir su sexo”. De poder decidir “su sexo” a decidir poder tener relaciones a esa edad no hay, creo, ni medio paso.

(La página de facebook de esta cueva de pedófilos: https://www.facebook.com/fundaciontransitar/?fref=ts)




La ideología de género es una sucesión de aberraciones cada vez más morbosas. En algún momento el ciudadanos honesto tendrá que sacarse las vendas y no le quedará otra que ver lo que no quiere ver y escuchar lo que no quiere escuchar para finalmente poder reaccionar.