sábado, 6 de agosto de 2016
NUESTRO NACIONALISMO
NUESTRO NACIONALISMO
¿Qué es el Nacionalismo?
Es la doctrina que lleva la idea de “Nación” a una realidad concreta: la identidad de un pueblo, sus raíces, su historia, sus héroes, su memoria, su independencia cultural, política y económica. Hace de esta herencia un presente que tiene un fin: la UNIDAD de toda la Nación con un pasado en común y un futuro que nos debe encontrar hermanados. El Nacionalismo es el Amor a la Patria llevado a su máxima expresión. Es la única solución de un país en emergencia y una sociedad en vías de desintegración como el nuestro.
¿Puede ser una solución el Nacionalismo a los problemas de la Argentina?
No hay duda que sin la UNIDAD, plantada en la memoria del pasado fundacional, no puede haber solución a los problemas del hoy. El Nacionalismo podrá aportar soluciones concretas siempre teniendo presente esta idea de fondo. No hay soluciones mágicas, hay soluciones coherentes con la idea de una comunidad que marcha unida y que por supuesto contempla matices y diversas miradas pero que no acepta atentados contra esa misma UNIDAD que es la comunidad, su soberanía y su libertad.
¿Tiene enemigos el Nacionalismo?
Tiene los mismos enemigos que tiene la Argentina y que están presentes en el Sistema de Dominación que la gobierna en la actualidad con los resultados a la vista. Ese sistema es internacionalista y global y consiste en Democracia de Masas en lo político, donde nadie sabe en definitiva a quien elije y en la práctica el poder recae en manos de una casta de políticos profesionales hipercorruptos: la partidocracia; Capitalismo de raíz financiera en lo económico, donde la economía es manejada por otra casta, la de los usureros de la banca, las empresas transnacionales y "los mercados" integrados en general por especuladores que hacen fluctuar cíclicamente las variables económicas a su antojo y favor y contra los intereses mayoritarios. Progresismo o marxismo cultural, residuales de aquella opción marxista que se presentaba en etapas que conocimos como la Guerra Fría. Su consecuencia es la destrucción de la cultura, la ridiculización de la religión, la moral y el sentido común. La negación de la Patria, la destrucción del principio de autoridad y la familia natural. Su finalidad es el caos social como el que vivimos hoy. Su principal arma son los medios de comunicación, los "intelectuales" y en no pocos casos la curricula educativa de los colegios y universidades. Un humo insoportable que pervierte la cultura y las mentes llamando al mal bien y al bien mal.
¿Qué propone el Nacionalismo?
Sobre la base de esa UNIDAD en la diversidad, brindar soluciones concretas a los problemas de hoy. Esas soluciones tienen que ver con un orden Político natural. Busca realizar un cambio radical en lo político, económico, social y cultural.
Pretende establecer una República Patriótica, Social y Orgánica que se opone radicalmente al sistema actual. Recuperar el amor a lo nuestro, defender la soberanía, tanto territorial como económica y cultural, restaurar los valores desconstruidos por años de perversión cultural, moral y espiritual impulsada por el progresismo o marxismo cultural. Poner en vigencia la justicia social luchando contra la miseria material que azota a casi la mitad de nuestros compatriotas impulsada por el flagelo de la deuda externa y el liberalismo. Sentar las bases de una representación real basada en las verdaderas fuerzas de la comunidad y desechando a los representantes de una partidocracia canallesca, corrompida, entreguista y antinacional. Sostenemos la representación orgánica y la primacía del Bien Común sobre los bienes particulares. Queremos Patria, Pan y Justicia para todos los argentinos. Ello se dará con la fundación de otro Estado, opuesto a este, que creado por el liberalismo, esclaviza, vacía y destruye a la Nación desde hace más de siglo y medio.
VEAMOS ALGUNAS PROPUESTAS CONCRETAS
¿Qué propone el Nacionalismo respecto de la inseguridad?
La Inseguridad es un coctel formado por la destrucción cultural (progresismo), la miseria económica (Capitalismo liberal) y la perversión política (partidocracia) el progresismo es partidario de la permisividad y la destrucción de la autoridad y se plasma en el garantismo penal (impunidad). El sistema económico ha sido una maquina de crear pobres y de destruir la cultura del trabajo (miseria material y moral) y la partidocracia es la que plasma en medidas políticas el progresismo y el sistema económico injusto y corrupto. Por lo tanto para lograr que se revierta va a ser necesario terminar con el sistema que la produce y recicla. En el "mientras tanto" se puede obligar mediante presión al sistema a cambiar las leyes y los jueces que las aplican, y que en ambos casos permiten que estén en las calles delincuentes y depravados, que se cumplieran efectivamente la totalidad de las penas impuestas, sin beneficios de ninguna naturaleza. Que se cambien los programas de las facultades de derecho verdaderas fábricas de jueces garantistas saca presos
¿Qué propone el Nacionalismo ante la corrupción institucionalizada?
Propone la cárcel efectiva, de cumplimiento severo, bajo el cargo de Alta Traición a la Patria, para quienes utilicen los dineros públicos en beneficio de intereses personales o de sector. La imprescriptibilidad de las penas y acciones judiciales contra corruptos. Propone la aplicación del antiguo pero eficaz Juicio de Residencia; por el cual se revisaba y se investigaba todo lo actuado por los funcionarios antes de abandonar el cargo.
¿Qué propone el Nacionalismo sobre los Derechos Humanos?
El primer Derecho Humano es el derecho a la vida, por lo que propone una irrestricta defensa del niño por nacer. Así mismo, y atento a que todo hombre tiene el deber de fidelidad a la propia comunidad que integra (la Familia y la Patria, principalmente); propone que se garanticen todos los Derechos derivados y en relación con esta obligación; pues no puede haber derechos que atenten contra el Bien Común de la sociedad a la que se pertenece.
¿Qué propone el Nacionalismo ante el Narcotráfico?
La lucha sin cuartel con entidades policiales especializadas pero que mantengan independencia con respecto a las organizaciones internacionales que en realidad ejercen un control y regulación del mismo narcotráfico que dicen combatir. Denunciar que el dinero de ese pútrido negocio hace funcionar la mecánica de las finanzas globales (las mismas entidades bancarias que nos asfixian con la Deuda Externa). Castigar severamente a los narcotraficantes, a quienes lavan el dinero, y lograr el tratamiento a los enfermos que hoy en día son dejados sin asistencia por la postura progresista del “dejar hacer”.
¿Qué propone el Nacionalismo sobre la Deuda Externa?
En principio el Nacionalismo sostiene desde siempre que la llamada Deuda Externa es una estafa y un elemento de dominación de las finanzas y las potencias mundiales. En consecuencia debe estudiarse su raíz, su real legitimidad. Este estudio es de vital importancia y de su resultado depende el camino a seguir. Su lema es “las deudas se honran, las estafas se denuncian”.
¿Qué propone el Nacionalismo sobre la pobreza?
La pobreza, traducida en hambre, es en nuestro país una carga moral que no tiene proporción con los enormes recursos de la tierra. Los bienes recibidos por la Nación deben ser fruto de una equitativa distribución de la riqueza. La justicia social es para el Nacionalismo –lo ha sido desde hace casi cien años- una deuda que debe zanjarse antes que cualquier otra. Y debe hacerse de manera equitativa: ni la dádiva que mal educa en la subcultura de la alegre desocupación ni aquella que con una caja de alimentos pretende ser una solución digna. Deben atenderse las emergencias y diseñar políticas de trabajo social, de solidaridad, y activa participación estatal y la creación de puestos de trabajo reales. Nuestro país necesita una política económica que tenga como prioridad satisfacer la demanda real en lugar de estimularla artificialmente. Se necesita un sistema económico en el que se busque cubrir las verdaderas necesidades de todos los argentinos y no uno basado en la creación compulsiva de necesidades y nuevos mercados sobre una constante promoción del deseo de productos y servicios no esenciales. Eso sería realmente un ataque a la esencia del sistema capitalista y un ataque a la pobreza. Es esencial que todos se alimenten y vistan y no es esencial que algunos tengan celulares de última generación o autos de alta gama. En consecuencia deben diseñarse políticas de inversión coherentes.
¿Qué propone el Nacionalismo frente al Capital y el Trabajo?
Propone una solución de conjunto. Ni la aceptación del un “capitalismo salvaje” que esclaviza al hombre ni el reclamo desproporcionado de sectores interesados. El Estado debe arbitrar una solución consensuada donde no haya espacio alguno para la injusticia. Se debe implementar una legislación donde el trabajador participe de la producción de la riqueza conforme un ordenamiento natural mediante las organizaciones que le son propias, el nacionalismo propone para tal fin los Fondos por Rama de Producción
¿Es posible un gobierno Nacionalista en un mundo que promueve la idea de Aldea Global?
Por supuesto que es posible. Y lo afirmamos con absoluta convicción ya que la Argentina es un país lleno de recursos y que está entre los primeros del mundo en cuanto a su riqueza de todo tipo. Esta conciencia de los beneficios debe convencernos que no somos “una nación más”. En el concierto mundial somos un país altamente beneficiado que debe hacerse respetar y sin políticas amenazantes construir lo que otros han destruido: una Nación seria, que explota sus recursos sabiamente. Una Nación con voluntad de establecer relaciones con todo el mundo y cuya independencia no puede ser sometida a los intereses de una Aldea Global que no son otros que los de las potencias financieras internacionales.
https://www.facebook.com/ConfederaciondeAgrupacionesNacionalistas/posts/1007645812684417:0
domingo, 26 de junio de 2016
LA TRAMPA DIALÉCTICA
Por Edgardo Atilio Moreno
Cada nueva elección nos obliga a decir lo que tantas veces y con tanto énfasis se dijo desde las páginas de Patria Argentina: se impone a los argentinos una trampa dialéctica destinada, por un lado, a ocultar la realidad, y por el otro, a crear falsas opciones.
El fin evidente de esto no es otro que el de evitar cualquier reacción genuina en contra del Sistema o Régimen de dominación o bien controlarlas y mandarlas a vía muerta en caso de producirse. Es lo que Santiago Roque Alonso definió con precisión como “una dialéctica para giles”.
En estas coyunturas los operadores del Sistema ponen en juego todo su arsenal de técnicas psicopoliticas para confundir y engañar a los ciudadanos acerca de la verdadera naturaleza de los problemas que aquejan al país y para dividirlos en enfrentamientos manipulados detrás de bambalinas.
Los medios de comunicación y todo el aparato educativo y cultural del Sistema le impiden al ciudadano común darse cuenta de la sutil tiranía que padece y encontrar una salida a la crisis.
Esta acción de encubrimiento es fundamental para el mantenimiento del stablishment pues sin las falsas opciones intrasistemicas, sin este engaño dialéctico, el Sistema de dominación no se podría mantener.
La historia universal enseña al respecto que cuando los hombres no encuentran al menos soluciones aparentes dentro de un determinado sistema político tarde o temprano las buscan por afuera, y esto puede ser muy peligroso para los amos del dinero. Por ello es que tratan a toda costa de mantener resignados a los pueblos debatiendo sobre que opción es menos mala para elegir.
En la Argentina de estos últimos tiempos el principal antagonismo que se plantea falazmente es el de la remanida dialéctica de izquierdismo-progresismo, versus, liberalismo-conservadorismo.
Esta opción es absolutamente tramposa. En realidad no existe ninguna contraposición esencial entre ambas caras del Sistema. La prueba esta en que el gobierno sostiene, sin ningún tapujo y en perfecta coherencia, una política cultural progresista al tiempo que aplica una política económica obediente de los centros financieros internacionales.
De modo entonces que el primer desafío que tenemos los nacionalista es el de desenmascarar esta falsa dialéctica; es decir debemos esclarecer sobre la verdadera situación socio-política y cultural en la que estamos insertos de manera tal que el pueblo argentino pueda tomar conciencia de la tragedia que vive nuestra Nación.
Ciertamente que esta no es una tarea para nada fácil pues hay ciertos sectores –relativamente sanos- de la sociedad que se niegan a entender que no hay contradicción entre el progresismo y el capitalismo liberal, ya que ambos en realidad son brazos de una misma tenaza que maneja el Imperialismo Internacional del Dinero. Estos sectores, conciente o inconcientemente, son funcionales al Sistema.
Debemos convencer a estos ingenuos y/o necios que la opción de votar al mal menor, o a los partidos de la derecha que prometen solucionar problemas como el de la inseguridad, la insurrección social piquetera, o el revanchismo setentista y montoneril; no constituye ninguna solución pues no se ataca a las causas del problema sino a algunas de sus consecuencias.
Y lo que es mas grave se cae en la trampa dialéctica tendida por el enemigo.
En realidad la verdadera solución pasa por develar el engaño, poner en evidencia la complicidad de la clase dirigente partidocratica con el Poder del Dinero, desplazarla progresivamente y cambiar el actual Sistema o Régimen de dominación. Solo así podremos recuperar nuestra independencia nacional.
martes, 3 de mayo de 2011
CAMBIO DE RUMBO
Con las próximas elecciones presidenciales apareciendo sobre el horizonte político de la Argentina quizás valdría la pena analizar la posibilidad de un cambio de rumbo. No precisamente desde la perspectiva de los adoradores del cambio que juran que todo cambio es tan necesario como inevitable y, es más, hasta insisten machaconamente en que el cambio es algo bueno de por sí. Porque, según dicen, obliga a “renovarse” y, como todo el mundo sabe, se supone que lo “nuevo” es siempre muchísimo mejor. Pero aun dejando esas tonterías marketineras de lado, es bastante obvio que la Argentina está ya madura para, al menos, replantearse unas cuantas cosas.
Porque hay muchas, demasiadas, cosas que decididamente andan mal. Por de pronto, la actitud general de los políticos ante justamente esas cosas que andan mal. Tomemos, por ejemplo, algo tan obvio y evidente como la inflación. Las dos actitudes que podemos observar frente al fenómeno son realmente típicas de los políticos que tenemos.
El gobierno sencillamente opta por la negativa. Según el INDEC, Guillermo Moreno y la Casa Rosada, no hay inflación. Todo está fenómeno y sólo hay una pequeña “dispersión de precios”. Por lo tanto, parece ser que el criterio de esta parte del espectro político es que podemos solucionar un problema mediante el simple expediente de negar su existencia.
La oposición, por su lado, se rasga las vestiduras denunciando la existencia de una inflación real de entre un 20 y un 30% anual (por ahora) y escandalizándose por la manipulación más que evidente de los datos en la metodología adoptada por el INDEC. Pero, más allá de poner el grito en el cielo y de criticar el “modelo” del gobierno, la oposición no ha impulsado ninguna solución coherente, real y concreta al problema. Por lo tanto, parece ser que el criterio de esta otra parte del espectro político es que podemos solucionar un problema mediante el simple expediente de denunciar su existencia y discutir hasta el día del Juicio Final las mil posibles alternativas.
De modo que, realmente, creo que sería hora de cambiar de rumbo porque, si ante los problemas seguimos aplicando el método de negar su existencia o discutir in aeternum su solución, al final me temo que esos problemas terminarán explotando de un modo o de otro y a esa explosión tampoco la vamos a resolver con políticos que seguramente se pasarán el día echándose la culpa los unos a los otros. Porque, como todos sabemos, en el ámbito político argentino el encontrar a un culpable siempre ha sido muchísimo más importante que hallar una solución.
Lamentablemente, cambiar de rumbo nunca es fácil. Cuando una persona se ha acostumbrado a determinada orientación – y más todavía cuando se ha comprometido con esa orientación – se resiste a abandonarla. Por un lado, el abandonar el sendero habitual, siempre se percibe como algo incómodamente riesgoso; por el otro lado, abandonar algo con lo que uno se ha comprometido equivale siempre a reconocer que el compromiso fue un error.
Por ello, en principio a nadie le encanta la idea de cambiar de trayectoria y los cambios de dirección siempre resultan traumáticos. Hasta en el mundo material se puede observar un fenómeno muy similar. Todos los objetos del universo tangible poseen masa y la masa es esencialmente pasiva. “Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por una fuerza externa que actúe sobre él.” Es la clásica primera ley de Newton que conoce cualquier estudiante de física. Poniéndolo en términos algo más filosóficos, su equivalente sistémico vendría ser algo así como “el ser abandonado a sí mismo tiende al no ser” ya que se deja arrastrar hacia abajo por el tobogán entrópico de la termodinámica hasta que, finalmente, alcanza un estado de desorden y de desestructuración al cual, desde la antigüedad griega, llamamos “caos”.
Es realmente sorprendente cómo los griegos, al menos en el plano de los conceptos abstractos, se adelantaron en más de veinte siglos años a las actuales teorías científicas de nuestras ciencias “duras”. Por ejemplo, ya sabían que la decadencia y la descomposición de una comunidad humana comienzan con muy pequeñas modificaciones en las profundidades de la conciencia, con lo que prefiguraron nuestra moderna teoría del caos según la cual, en los sistemas de equilibrio dinámico, muy pequeñas modificaciones pueden llegar producir enormes consecuencias. Al quiebre del orden interno del espíritu, ya sea individual o social, los griegos lo llamaban “anomia” y a la segunda fase de este estado la conocían como “anarquía”. Esta segunda fase se caracteriza por la manifestación en el ámbito humano de la descomposición del orden natural que los helenos consideraban como algo sagrado; es decir: intocable. En este estado final anárquico, el orden natural o bien desaparece por completo, o bien se mantiene por medios artificiales con lo cual lo que se obtiene es tan sólo un orden formal; es decir: la apariencia de cierto orden que encubre – con mayor o menor éxito – la anarquía subyacente.
Tal como lo demuestra la Historia de todas las civilizaciones anteriores a la nuestra, si este rumbo se mantiene, lo que ocurre al final es la decadencia irreversible que, a su vez, culmina en el caos de la descomposición final.
Si analizamos ahora el rumbo del “movimiento rectilíneo y uniforme” de la política argentina de la(s) última(s) década(s) no es muy difícil darse cuenta de que su orientación es hacia un caos suicida. Por supuesto, es muy difícil determinar con exactitud en qué punto del plano inclinado entrópico de la anomia, la anarquía y el caos nos encontramos en la actualidad. Mi opinión personal – y, por supuesto, nadie tiene la obligación de estar de acuerdo conmigo – es que estamos más o menos a mitad de camino entre la anomia y la anarquía. O, quizás, un poco más cerca de la anarquía que de la anomia. Y seguiremos moviéndonos en la dirección del caos total de un modo rectilíneo y uniforme mientras, por un lado neguemos la existencia de las fuerzas que impulsan el movimiento y, por el otro lado, sigamos en la esterilidad de discutir ad infinitum cuales serían esas fuerzas en absoluto y qué se supone que deberíamos hacer con ellas. En algún momento, alguien tendrá que tener el coraje de poner las cosas en su lugar y llamarlas por su nombre, por más políticamente incorrectos que sean esos nombres y por más antipático que sea el ponerlas en el lugar que les corresponde.
Dejando de lado ahora a Newton, a los griegos y a la física, en la actualidad ya es inocultable que la Argentina está a la deriva. La política argentina se parece a un barco que se deja llevar por la correntada de un río mientras su capitán y sus primeros oficiales se dedican a la improvisación y a las discusiones estériles. El nunca definido ni concretamente explicitado “modelo” del gobierno se basa en una nebulosa ideológica que, en los hechos, se limita al proverbial hacer lo que se nos ocurre, cuando se puede, porque se puede y si conviene o no hay más remedio. La llamada oposición, a su vez, se limita a criticar lo que salió mal, a callar lo que salió bien y a armar un escándalo sobre lo que el gobierno no hizo, porque no se le ocurrió, o porque no quiso, no pudo, no supo, o no le convenía hacerlo. De este modo, mientras en el gobierno y su entorno están ofendidísimos por el hecho de que la oposición no les reconoce los logros y les critica todos los fracasos – además de todas las improvisaciones y todas las corruptelas – los miembros de la oposición se pelean entre sí por el premio al mejor criticón. En buena parte, obviamente, debido la envidia que despierta el quedar siempre fuera de las corruptelas.
No falta, claro, quien señale que precisamente este juego dialéctico de críticas y contracríticas constituye la esencia de la democracia. Pues si lo es, no estaría de más que, mientras duran los torneos dialécticos, al menos alguien le diga al timonel qué tiene que hacer. Alguien debería por lo menos velar por la conservación de la nave mientras discutimos adonde demonios queremos llegar. Porque así como están las cosas, el timonel no tiene ni idea de qué rumbo tomar. Más aun: últimamente estoy empezando a sospechar que el barco llamado Argentina ya ni siquiera tiene timonel.
El problema básico está en que, en lugar de dejarnos llevar por la corriente, tendríamos que girar el barco ciento ochenta grados y empezar a navegar río arriba. Tanto la correntada demoliberal de “derecha” como la socialdemócrata de “izquierda” nos arrastran a un rumbo de colisión.
Los liberales persiguen su sueño de reducir al Estado a su más mínima expresión administrativo-burocrática para dejar el campo libre al zorro financiero libre dentro del gallinero social libre. Dicho sea de paso: al día de hoy sigo sin entender por qué a esto ahora se lo llama "derecha" cuando todas las verdaderas corrientes de derecha que ha conocido la Historia han propugnado exactamente lo contrario. Tanto José Antonio Primo de Rivera como Ramiro de Maeztu – para nombrar sólo a dos y del ámbito hispano – hubieran sacado carpiendo a cualquiera que les hubiera propuesto reducir el Estado para cederle el terreno al capitalismo.
Por su parte, los marxistas, en más de 150 años en ningún lugar del planeta consiguieron organizar un Estado perdurable que funcionara realmente bien. A pesar de eso, insisten en proclamar que todo se solucionaría desatando una guerra de clases en la cual quienes menos tienen simplemente eliminarían a los que más tienen. En su versión vernácula, esta propuesta de cambio por la vía de la guerra civil la tenemos en esa izquierda setentista y su delirio de convocar a “las masas” para una aventura revolucionaria que elimine a “la oligarquía”. Y, dicho sea de paso otra vez: lo que en esto no termino de entender es por qué se lo llama "progresismo". La idea de conquistar al Estado lanzando a "los pobres" contra "los ricos" es el truco más viejo de la demagogia política. Lo inventaron los políticos griegos y romanos hace ya más de 2.000 años. Nota al margen: y a ellos tampoco les funcionó.
El hecho es que todos empujan hacia el caos. Los liberales al proponer un rumbo hacia la anomia producida por un Estado incapaz de cumplir con sus funciones esenciales. Los "progresistas" al insistir en el resentimiento como impulso político principal para producir una anarquía que – entre otras cosas por medio de una justicia patológicamente permisiva e incapaz de poner orden en la calle – haría saltar por los aires la estructura básica misma de cualquier sociedad en aras de una quimera sociopolítica inviable. Así, mientras la “derecha” empuja hacia la anomia, la “izquierda” empuja hacia la anarquía. Y en el medio tenemos a un gobierno supuestamente peronista que no sabe qué rumbo tomar a fin de no perder ni financiación ni votos.
Pese a quien le pese, hay que llamar las cosas por su nombre. El problema argentino no es solamente la ineptitud política del gobierno ni tan sólo la boconería estéril de la oposición. El problema argentino es todo el sistema político en sí mismo. Un sistema que, convengamos en ello, no es exclusivo de la Argentina pero que el país no ha conseguido superar ni mejorar. Ni siquiera ha conseguido hacerlo funcionar razonablemente bien.
Por de pronto, es un sistema que, en última instancia, está basado en el dinero. Quien no tiene dinero no puede tampoco afrontar el costo de una campaña. Quien no puede pagar una campaña, no es conocido. Obviamente, quien no es conocido no consigue votos. Y quien no consigue votos, no llega al poder. Por lo tanto, lo primero que todo político tiene que hacer en este sistema – antes incluso de tener cualquier idea brillante – es conseguir el dinero que hace falta para montar una buena campaña. ¿Cómo lo consigue? Mejor no pregunten.
En segundo lugar, cualquier campaña democrática se basa en una mezcla de demagogia e hipocresía en proporciones variables. De lo que se trata es de conseguir votos. Por lo tanto, se trata de prometer lo que la mayoría de los votantes quiere escuchar y el maquillaje mediático deberá hacer más o menos creíble esa promesa; siendo que esto último, a su vez, también cuesta dinero, por supuesto. De modo y manera que, puesto que “los pobres” – sea lo que fuere que se entienda exactamente por esa expresión – constituyen una proporción relevante del electorado, todos los discursos, sean de “derecha” o de “izquierda” deberán, obligadamente, contener mensajes amigables dirigidos especialmente a ellos. No hay político al que no se le parta el corazón por la existencia de los pobres. Pero ¿quién se ocuparía de ellos si representaran algo así como, digamos, tan sólo el 2% de los votos? De hecho, la enorme mayoría de los políticos sólo se ocupa realmente de los pobres a la hora de tratar de obtener los votos de la pobreza. La verdad es que para muchos políticos, especialmente los de cierta izquierda, la existencia de esa pobreza es más un capital político a explotar que una lacra a eliminar. Más de uno especula con tomar medidas para reducir la pobreza solamente después de llegar al poder y, mientras tanto, torpedea sistemáticamente todos los intentos de algún competidor que trata, eventualmente, de hacer algo para reducir la miseria.
Aunque, en todo caso, también es cierto que lo que se hace es poco y, buena parte de lo poco que se hace, se hace mal. Por ejemplo, una política asistencialista o de subsidios no elimina la pobreza; solamente la disimula en tanto y en cuanto haya plata (ajena) para repartir y se esté conforme en aceptar la catarata de corrupciones y clientelismos que ese reparto genera. Todo el mundo repetirá, por supuesto, que no hay que regalar el pescado sino enseñar a pescar. Pero el hecho concreto es que, en la mayoría de los casos, ni hay donde ir a pescar, ni en los lugares de pesca quedan ya tantos peces como antes. Un montón de empresas cerraron, o se fueron, y las que quedan no crecen al mismo ritmo en que aumenta la demanda laboral, por más que se publiciten tasas de crecimiento económico favorables. Las tasas de crecimiento miden cantidades de dinero y el problema que tenemos es de cantidad de puestos de trabajo productivo. No sólo los que se necesitan ahora, sino los que necesitará la próxima generación.
En otras palabras: lo que hasta el día de la fecha el kirchnerismo no ha conseguido entender es que el problema básico de la pobreza no es un problema de políticas sociales sino un problema de políticas económicas. Específicamente: es un problema de la organización del trabajo. De la creación, de la oferta, y de la organización del trabajo. Pero claro, organizar el trabajo para todos es un poquito más complicado que organizar el fútbol para todos. Y, por supuesto, se perdería más de un voto si alguien tratase de imponer la tendencia de volver a llevar al trabajo regular y cotidiano a todos los que ya se acostumbraron a vivir de subsidios. Muy en especial se generaría la enemistad declarada de quienes se acostumbraron a vivir del repartode esos subsidios. Ni hablemos del aquelarre que se produciría entre los jeques sindicales si a alguien se le ocurriese la peregrina idea de señalar que todo trabajo bien organizado requiere un mínimo de disciplina laboral. Y no me quiero referir ahora al tema del manejo y la administración de los aportes que genera la actividad laboral porque eso equivaldría directamente a meter el dedo en el ventilador.
La Argentina ¿puede continuar así? ¿Puede seguir haciendo el papel del barco arrastrado por la corriente de los acontecimientos? ¿Puede seguir de improvisación en improvisación, con solamente esa vaga noción romántica, convertida en ideología política, de distribuir generosamente la riqueza ajena entre pobres que cada vez tienen menos oportunidades e incentivos para participar de un trabajo productivo? Para que exista riqueza alguien la tiene que generar, y para que la distribución sea justa al que le toca una parte tiene que haber participado en su generación de un modo proporcional a esa parte. Si el que la genera lo hace explotando a los demás, la solución no está en sacarle parte de lo ganado para distribuirlo entre los explotados. La solución está en impedirle que siga explotando a los que contribuyen a generar la riqueza. Y para eso no es necesario ni cerrar, ni expropiar, ni estatizar ninguna empresa, ni permitir piquetes, ni declarar huelgas. Basta con un Estado que se ocupe de solucionar problemas con un mínimo de sentido común y con la suficiente fuerza, autoridad y determinación como para imponer reglas, normas y procedimientos justos.
Pero, para hacer posible algo así, hay que dar vuelta el barco y empezar a navegar contra la corriente. Hay que atacar los problemas en forma objetiva y eficaz, sin ponerse primero a evaluar el "costo político" de las medidas, o a ver quién se lleva el “rédito político” de la solución. Hay que poner al frente de cada proyecto a personas que realmente entienden del problema y no a algún abogado amigo que se cree tan multifuncional que aceptaría ser gobernador de provincia con la misma liviandad irresponsable con la que asumiría como secretario de transportes o director de cultura; y todo eso tan sólo para renunciar en la mitad de su gestión y postularse como candidato a senador o diputado. Hay que poner la estructura financiera al servicio de la producción de bienes y servicios y romper con el esquema actual en dónde la producción, o bien está al servicio de las ganancias financieras, o bien queda relegada a un segundo plano frente a la posibilidad de alguna inversión puramente especulativa. Hay que reestructurar por completo el sistema político saliendo del actual en dónde cualquier politicastro puede hacer cualquier promesa irrealizable y hasta puede ofrecerse como “candidato testimonial” no asumiendo siquiera el cargo para el cual se postuló, con lo cual al final nadie sabe exactamente qué es lo que vota y a veces ni siquiera a quién vota. Hay que emancipar a la política de la dictadura del dinero que paga las campañas. Hay que sacarse por fin la careta, llamar pan al pan y vino al vino, y establecer de una buena vez por todas qué país queremos, cómo lo vamos a construir, con qué lo haremos, quiénes serán los responsables por hacerlo, cuales serán los costos, quiénes los pagarán, quiénes serán los beneficiarios y cuales serán las prioridades del plan.
Pero no se preocupen queridos amigos. Nada de eso sucederá. Ni de aquí a Octubre, ni tampoco después. Los que podrían tener el proyecto no tienen los votos, y los que tienen los votos no tienen un proyecto así.
Así que relájense, disfruten del espectáculo y admiren el paisaje. Y cuando el barco encalle, porque va a encallar, háganle caso a cualquiera que proponga remar contra la corriente. Porque río abajo amenaza el caos y la única salida posible es río arriba.
Denes Martos
29/Abril/2011
Voy a tomarme el atrevimiento de hacer dos pequeñas observaciones al texto: Una es que el autor considera de "derecha" o "verdadera derecha" al falangismo (él cita a José Antonio), cosa con la que nosotros no coincidimos, ya que consideramos a dichas clasificaciones (izquierda, centro, derecha) como sistémicas, arrastradas desde la subversión Francesa de 1789 hasta nuestros días y usada por las tendencias actuales herederas de esas filosofías Iluministas, por lo tanto no vemos mal que se clasifique a los liberales como derecha.
La otra Observación es que el autor invierte los términos de oferta y demanda de trabajo, cosa que es muy común en no especializados, ya que instintivamente se tiende a interpretarlos de esa manera. En el texto, donde dice oferta de trabajo, debería decir demanda de trabajo y viceversa, ya que la demanda de trabajo es la que ejercen las empresas, la empresa demanda fuerza de trabajo y no es el trabajador el que demanda trabajo, sino el que lo ofrece, ofrece su fuerza de trabajo. Utilizados lo termino de esta forma (la correcta) se es coherente con la ley económica de la oferta y la demanda, es decir, cuando sube la demanda ( las empresas necesitan mas empleados) tienden a subir los salarios ( "precio de la fuerza de trabajo" ), en cambio si sube la oferta ( mas gante ingresa al mercado laboral) los salarios tienden a disminuir.
La Lacebrón Guzmán
martes, 28 de julio de 2009
PARA PRINCIPIANTES
lunes, 13 de julio de 2009
LA ORGANIZACIÓN, ÚNICO CAMINO
Posiblemente no resulte tan expeditivo, ni tan brillante y hasta se lo vea gris, rutinario, sin los oropeles de una supuesta heroicidad que tanto suele declamarse y poco ejercerse efectivamente. No solo se forjan héroes en una guerra. A veces la heroicidad esta en soportar con paciencia y sin desertar cuando nos encontramos aplicados a una tarea que parece común, y hasta anodina y poco sobresaliente pero en la que va la conservación de algo que amamos: la Patria, nuestro movimiento, nuestros camaradas.
Tal vez resultemos reiterativos en nuestra afirmación, pero debe entendérsela y hacerse carne. Es el único camino que nos queda. No solo eso, es el que hay que recorrer irremisiblemente si queremos hacer política con un mínimo de seriedad, orden y disciplinadamente para recuperar nuestra cautiva Argentina.
Ese camino es el de la organización, es el de la estructuración de un instrumento para dar la lucha política patriótica en los años difíciles que seguramente nos aguardan. Desgraciadamente es algo que parecemos olvidar los nacionalistas curiosamente mientras hablamos reiterativos de la restauración del principio de autoridad. Como si la autoridad y la organización no tuvieran nada que ver. Hablamos de cómo el sistema ha limado el principio de autoridad pero asumimos conductas anárquicas e inorgánicas. Inconducentes en definitiva. Después nos lamentamos. Justamente para eso, para la organización, hemos creado la Red Patriótica Argentina, para promover y estructurar algo sólido y netamente nacionalista que cubra todo el territorio patrio.
La organización y la identidad son dos de los elementos esenciales que se aúnan a la coherencia del mensaje: ya hemos dicho mil veces que somos nacionalistas no “algo parecido” sabemos concretamente que es lo que queremos. Esas son las cosas, las notas distintivas fundamentales que hacen y harán en el futuro mucho más creíble nuestra predica Hemos puesto nuestros mejores esfuerzos en estas dos cosas: concretar algo estructurado que se vaya extendiendo de a poco (siempre mas despacio de lo que deseáramos) pero seguramente, y al mismo tiempo con una personalidad propia y netamente distintiva, a pesar de las diferencias de detalle que se puedan manejar de forma sanamente plural, que al mismo tiempo nos permita, mas allá de las mencionadas diferencias, la necesaria cohesión basada en la amistad y la camaradería.
Hemos puesto el acento en lo federal como elemento fundamental de nuestra organización e identidad, también tantas veces predicado y tan pocas veces concretado.
Por ello llevamos ya tres años diciendo que muchas de las modalidades que había tomado el nacionalismo en los últimos 40 años a la fecha han caducado por imperio de las circunstancias y de los problemas que se plantean y de la evolución de los tiempos.
Palpamos en esos años la desorientación de muchos camaradas o gente afín ante las mentadas caducidades que los ubican en un escenario diferente y mucho más difícil. Palpamos la desazón de muchos que dedicaron la vida a esta lucha larga y dificultosa y no han visto ni brizna de algo que pudiera coronar tantos esfuerzos. A otros se les fue la vida misma en ello. También en esas vidas que se consumen silenciosamente esta la heroicidad del amor a la Argentina.
Por ellos y por los que están y vendrán algún día debemos reforzar los esfuerzos, para tener el elemento de lucha política. Nuestro objetivo no es difuso e indefinido. Es concreto: la conquista del poder político que creemos imprescindible para establecer una República Patriótica, Social y Orgánica.
Gracias a Dios hay camaradas que han entendido el mensaje y se han unido a nosotros en esta patriada, otros a pesar de no contarlos en nuestra organización van comprendiendo lo que veníamos predicando desde hace un tiempo, sea por el fruto de esa predica o por la propia capacidad de analizar las circunstancias políticas, llamando consecuentemente a la organización de forma inequívoca:
“Aquí y ahora debemos definir nuevamente todo porque los modelos y propuestas que en el pasado pudieron haber tenido una cierta efectividad, por la evolución propia de la dialéctica del enemigo, y el acontecer histórico diferente, han sido ampliamente superados, y en no pocos casos, trastocados en sus fines y puestos a su servicio. Debemos proponernos que definitivamente no se pueda ingresar más a la Casa Nueva, la Patria Restaurada, con la suciedad acumulada. Creo sinceramente que ha llegado la hora de dejar de lado algunas cuestiones y seriamente abordar la necesaria organización del Bando Patriota, por dos razones esenciales:
martes, 9 de junio de 2009
TRES ESCRITOS PARA ENTENDER NUESTRA POSICION FRENTE AL SISTEMA

IDENTIDAD DEL PROYECTO NACIONALISTA
Por: Jorge Ortiguera
Para entendernos mejor. Para que la gente se entere de lo que realmente sostenemos, para despejar dudas sobre nuestra ubicación e identidad frente al Sistema o Régimen de Dominación tenemos que aclarar y despejar dudas, ser precisos y concisos
De esta forma para no andar con vueltas diremos que podemos dividir nuestro discurso en tres apartados que denominaríamos filosófico, Político- ideológico y político-practico.
Para un partido del sistema sólo existe el discurso político-practico, los otros dos se dan por supuestos y son compartidos por todas las organizaciones políticas, sindicales, culturales, y no digamos ya por las instituciones públicas, que imponen los discursos filosófico y político- ideológico del sistema como evidencias no sujetas siquiera a discusión.
Nosotros, los Nacionalistas, en cuanto alternativa al sistema como tal y no a un determinada tendencia del mismo, no podemos mostrar sólo un programa (discurso político-practico) El motivo es que si agregamos al programa los considerandos ideológicos y filosóficos in extenso, el potencial adherente no lo va a entender, y si no disponemos de discurso propio en lo que hace a cosmovisión, dejamos ipso facto de ser nacionalistas y nos convertimos en piezas, insignificantes del dispositivo sistémico, seriamos un mero partiducho mas del Régimen.
Todos saben que es un texto programático o programa político coyuntural
Pero posiblemente no esté tan clara su distinción frente un nivel político- ideológico y, mucho menos, frente a un nivel filosófico.
Para aclararlo, nada mejor que un ejemplo. Los Nacionalistas, queremos promover una nueva sociedad y un nuevo tipo de hombre. Cuestionamos no sólo las políticas actuales, en términos de una eficacia de medios, sino los valores y fines últimos en que se fundamentan tales políticas. Nuestro modelo es por verdad y tradición el modelo del catolicismo. Y cuando un proyecto político esgrime un modelo antropológico, axiológico y existencial propio, resulta que va más allá, no sólo del programa (medidas políticas concretas), sino incluso de la ideología.
El marxismo es una ideología no un mero programa político, pero su modelo antropológico es idéntico al de la ideología liberal. Liberalismo y marxismo o comunismo son dos ideologías diferentes, pero fundadas en idénticos valores, lo que explica su alianza durante la Segunda Guerra..
Los tres Proyectos
Para mas ilustración podemos decir a grosso modo que hay tres grandes grupos de proyectos ideológicos
1.-El primero agrupa a todos aquéllos que pretenden reconstruir el modo de vida anterior a la revolución francesa de 1789 y se oponen a los procesos de la modernidad y al tipo de sociedad que vivimos, digamos que a pesar de lo bueno que pudieren tener en tanto oponentes al universo de valores de esa modernidad, no pasan de ser arcaísmos o arqueologismos en lo político-ideológico y sus posibilidades de ser llevados a la practica son hoy en día absolutamente nulas, Su modelo sociológico es la jerarquía hereditaria independiente del valor y merito de las personas Su modelo político es el antiguo régimen, la monarquía y la aristocracia de sangre,
Dentro de ese modelo podemos englobar también a pesar de las diferencias con el primero, algunas solo de detalle, otras que los emparentan más con la modernidad, a los conservadurismos o reaccionarismos, carentes de ideología y que muchas veces utilizan a la religión como sucedáneo de la misma. Estos grupos terminan en muchos casos siendo apéndices o furgones de cola de la derecha del Régimen justamente por su carencia de discurso ideológico Consecuentemente también carecen de una política concreta propia, para la coyuntura
2.-El segundo grupo esta con la modernidad, configurada ésta de acuerdo con valores iluministas, como los enunciados por la constitución americana, que habla del “derecho a la búsqueda de la felicidad” conformé el individualismo actualmente imperante. El sistema o Régimen de Dominación se definía antes de la de la caída del comunismo por su unidad a nivel filosófico, y su enfrentamiento ideológico de allí la Guerra Fría. Pero desde 1989, el sistema ha devenido un bloque formado por la filosofía materialista, hedonista, individualista y relativista. y que en lo teológico va del deísmo sin dogmas al ateismo práctico, militante o al antiteismo para ser más precisos. El odio a Dios y especialmente a la Iglesia Católica..
.. La meta última de esta filosofía es la utopía del igualitarismo sin jerarquías y el bienestar material en un universo social optimista, pacifista, en constante progreso y apolítico o ácrata. Este grupo incluye a todos los movimientos e ideologías actuales del sistema: el liberalismo, y el marxismo (anarquismo, comunismo y la socialdemocracia) pertenecen a tal categoría. El suyo es pues el mundo que todos sufrimos hoy en día, excepto en el caso anarquista, cuya utopía, más allá de algunos experiencias que van entre lo ridículo y lo sanguinario como durante la guerra civil española o en la subcultura del under político o la trasgresión lumpen (okupas. punks y demás marginales), nunca ha llegado a controlar, a diferencia del marxismo, el liberalismo o la socialdemocracia, las instituciones contemporáneas.
En la actualidad el marxismo ha desaparecido como fuerza política y forma de Estado derrotado por la ideología liberal, pero ciertos valores que inspiraban su forma de pensamiento, siguen vivos y han hecho aportaciones decisivas al imaginario simbólico colectivo, El antifascismo, de procedencia estalinista es asimilado también por la derecha liberal y el conjunto de la sociedad por vía de la cultura progresista, al punto de tergiversar de manera escandalosa el discurso político común y la historia contemporánea. Hoy para la izquierda es fascista quien es liberal y quien es nacionalista. Para la derecha liberal es fascista tanto Castro o Chávez como Mussolini y Hitler. La ideología de los Derechos Humanos es común al discurso de ambas versiones del pensamiento sistémico, lo mismo que la visión manipulada de la historia y la memoria colectiva, construida como sustrato de la ideología derecho humanista, utilizadas como elemento de un lavaje de cerebros masivo, de una verdadera guerra psicológica del mito contra la verdad: Holocausto, 30.000 desaparecidos etc.
Para resumir diremos que desde lo ideológico el Sistema se define por la democracia de masas, el capitalismo salvaje y el marxismo cultural o progresismo
3.-Pues bien, el tercer grupo o sea nuestro proyecto, no solo es distinto del comunismo marxista y del liberalismo burgués, sino que, en primer lugar, emana de un sistema de valores o axiología y si se quiere de una teología, diametralmente opuesta a los del humanismo moderno, sea cual fuere su plasmación concreta. Oponemos el teocentrismo o Cristo centrismo al antropocentrismo de las ideologías de la modernidad. El Nacionalismo, tiene su sello identitario en los valores que sustenta. La identidad del proyecto Nacionalista está actualmente en sus valores, es decir en la concepción antropológica y existencial del tipo humano que aspiramos a formar que nosotros oponemos al homo oeconomicus del liberalismo (que también lo era del marxismo).Nuestro modelo es Cristo. Nuestro hombre, por una cuestión no ya opinable sino basada en la realidad y la verdad es un ser trascendente un ser religado a Dios y a su prójimo. Lo que el marxismo niega y el liberalismo ignora o ve como materia opinable.
En consecuencia, el proyecto nacionalista requiere de un nivel filosófico, para existir como opción determinada y autosuficiente. Ese nivel, se encuentra por encima de la ideología y de los programas políticos. Saber explicitar cuáles son los valores del proyecto y de nuestro discurso, es una tarea importantísima para el logro de los objetivos: primeramente constituir una masa crítica operante para tomar el Poder.
Conclusión
Lo siguiente tiene que ver con la determinación del nivel ideológico frente al filosófico y al político. Un programa propone medidas políticas concretas aplicables en un plazo relativamente breve de tiempo, en cambio, lo que a veces se ha denominado programa ideológico sería en realidad el compendio o esquema que se basa en una concepción de la sociedad, del estado y de la economía, y tiene vigencia para un periodo histórico largo. Mientras un programa son medidas de coyuntura lo ideológico va más allá en el tiempo y lo filosófico es permanente, pues define los principios inmutables. Podemos decir que es propio del ámbito político- ideológico aquello del logro de una República Patriótica Social y Orgánica encarnando lo que José Antonio ya nos dijera en referencia a la Falange. La síntesis entre Revolución y Tradición. De la revolución –no como pretexto para echarlo todo a rodar, sino como ocasión quirúrgica para volver a trazar todo con un pulso firme al servicio de una norma– y de la tradición –no como remedo, sino como sustancia; no con ánimo de copia de lo que hicieron los grandes antiguos, sino con ánimo de adivinación de lo que harían en nuestras circunstancias.
Por ultimo digamos que la institución que se corresponde con el programa político es el partido o la agrupación, pero ¿qué institución se corresponde con la ideología? Nuestro discurso político- ideológico tiene como referente en la actualidad a un Colectivo o movimiento social formado no sólo por uno sino por varios grupos políticos (la idea del centralismo es claramente liberal y es una de las causas de nuestro fracaso a la hora de la organización), sino por sindicatos, asociaciones culturales, juveniles, centros de estudio, etcétera. El movimiento es una micro sociedad de raíz federal que, enquistada en el seno de la sociedad liberal-progresista, anticipa la alternativa del nuevo movimiento libertador, y del nuevo hombre y el nuevo político, el patriota hecho a imitación de Cristo.
Ese es a grandes rasgos lo que debemos tener en cuenta a la hora de la predica política para difundir, aunar voluntades y enderezar la proa a la conquista finalmente del poder político
Referencias bibliográficas
Jaume Ferrerons: “Nacional Revolucionarios ¿Una opción de Izquierda?” http://www.nacional-revolucionario.blogspot.com/
Alberto Buela:” Filosofía política vs. Ideología” - www.rebanadasderealidad .com.ar
“Crisis global oportunidad para una Segunda Independencia”
“Romper el Cerco y Derrocar el Sistema” en Patria Argentina Nº 255 mayo del 2009
José Antonio Primo de Rivera “La Tradición y la Revolución” http://largentinaposible.blogspot.com/search?updated-max=2009-04-13T09%3A29%3A00-07%3A00&max-results=7
Red Patriótica Argentina “Marchar hacia un Nuevo Estado” http://largentinaposible.blogspot.com/2008/09/marchar-hacia-un-nuevo-estado.html
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MENTE BIDIMENSIONAL
Estamos tan cansados del tema que a veces no queremos escuchar mas de la cuestión. Lo peor y que aumenta el desasosiego y a veces la ira, es que hay gente que no quiere o no puede entender y siguen con el cantito. Un poco por lo fácil que resulta pensar con esas categorías, después de siglos de acostumbramiento mental, digamos que se forma una suerte de huella, como la de camiones en el camino de tierra embarrado, que hace patinar e impide salidas laterales. Me lo he imaginado de esa forma, luego de escuchar todos los días la misma gilipollada como dirían los gallegos. Confieso que el tema me pudre soberanamente.
¿Usted de que es de izquierda o de derecha? Y dale otra vez a explicar...
No serian nada los que a propósito no quieren entender por que no les conviene, sea zurdos de diferente pelaje como derechistas de diversas tendencias. Con ellos no vale la pena esforzarse mucho, que en seguida los calas: los unos salen con que la única que defiende la justicia, la equidad social y la inclusión de los marginados es la izquierda, ese es el discursete social de los progre nuevos sacerdotes de la mojigatería políticamente correcta (no discriminación, derechos humanos y temática de género). La izquierda neta ya se ha quedado sin ideología, sin concepción del Estado, la economía y la sociedad, lo que era en su día el marxismo. Se cree viva aun, porque sigue aferrada a la axiología negativa, se reduce ya al antifascismo, a referencias al indigenismo inventado en Inglaterra o se ilusiona con el mamarracho del Socialismo del siglo XXI, no impide ello que se coloque en la práctica en el mismo bando que el liberalismo, muchas veces operando y haciendo lo que los gobiernos democráticos por cuestión de imagen no se animan a hacer con la policía. Los extremistas rojos son pandillas de la porra del capitalismo, que les da las migajas para que sigan ocupando un espacio que en realidad esta prácticamente vació: la resistencia contra el sistema. Recordemos sino hace unos días, que se descubrió como se financiaba el Movimiento Teresa Rodríguez y como inmediatamente se tapó el tema. Era financiado por el Estado. El Estado les da lo que manda el Banco Mundial en forma de créditos. Ni vamos a referirnos a los medios con los que cuenta el progresismo, con la Banda de los 30.000 desaparecidos a la cabeza.
Cada nueva elección nos obliga a decir lo que tantas veces y con tanto énfasis se dijo desde las páginas de Patria Argentina: se impone a los argentinos una trampa dialéctica destinada, por un lado, a ocultar la realidad, y por el otro, a crear falsas opciones.

